Las fiestas fuera del pequeño círculo al que uno se acostumbra son un circo en el que sólo queda un chimpancé anciano que intenta divertir a las masas, lo triste es ver que las masas de cualquier forma se divierten, masificadas obviamente bajo la batuta del apestoso chimpancé. Las discotecas, los bares, la forma de divertirse; el común denominador de salir el fin de semana en América Latina es replicar la música de una boda, es la eterna boda una y otra vez, con o sin ropa elegante, con o sin ganas de escuchar a Ana Bárbara, el reggetón, Alejandro Fernández, y ese largo etcétera de nombres que ni me sé. Algo tan fastidioso como el ahora famoso grupo peruano, Gurpo 5 y su jodida culebrítica que ya me tiene hasta la madre. No hay escapatoria, desde los lugares más arrabaleros hasta los altoparlantes del Café del Mar de la Asia peruana, es la misma cosa.
Uno podría pensar que la selección musical que se programa antes de empezar con su monotemática réplica es la salvación, pero después de 3 fines de semana de ir a bares diferentes me doy cuenta que también siguen una misma línea, de Blur a Madonna, pasando por Depeche Mode y sorpresivamente James. Pero todos los fines de semana son esas mismas canciones. Of Montreal o Hercules and Love Affair no existirán nunca, son producto de mi imaginación.
Tengo un brote neurótico nuevo y he empezado a cuidar mi salud, me tomo dos o tres tragos en toda la noche y nada de diversión garantizada. Será que se acercan mis treinta y cuatro años y mi cuerpo me dice con bastante timidez: -“hey baboso, deja de tratarme como a un veinteañero”- . Fui a un examen médico general antes de embarcarme al Perú y me confirmaron los males que vengo padeciendo desde hace mucho tiempo, que ahora no son nada serios pero que si no erradico el tabaco, si no le bajo el alcohol, si sigo apostando por la diversión garantizada, si me permito no usar un condón de vez en cuando, si no me alimento como dios manda, si no duermo lo que el cuerpo necesita dormir, si no N condicionantes más, me cargará el payaso a los cuarenta. A los cincuenta será imposible escribir el libro que tengo pensando escribir cuando llegue a ese nivel de vivencias. El especialista infectólogo me dio una cátedra en VIH, pues le confesé que soy de los que ocasionalmente se juegan la salud en un volado, como muchos. Al final de cuentas no es más que otro jodido virus, y no mata rápido, y ahora con los medicamentos, tampoco mata a largo plazo, pero sí te jode de por vida. Se muere de SIDA el que es doblemente irresponsable de contraer el virus y no hacer nada al respecto. Llevo días y días leyendo cuanta información me encuentro en Internet sobre este tema y he ahí de donde brota mi nueva neurosis. Ya no quiero tener ganas de querer tener sexo. Como si fuera un switch que apagas y listo.
Entonces con tanta información, con mi amiga neurosis por un lado, con la música de las bodas replicándose por doquier, con tanta gente presumiendo sus zapatos de piel de cocodrilo; mis ganas de divertirme se me pierden entre tanta cosa. Salgo al antro y a la hora me escabullo sin avisarle a nadie. Murakami, el Internet y el iPod son mis mejores amigos ahora.
El fin de semana pasado fuimos a las playas de Asia (lugar en el Perú, aclaro), a las exclusivas casas de playa de la playa Palabritas. Gente amigable del jet-set, la casa de lujo, la música que ellos escuchaban fuera de mi agrado, el Café del Mar lejos de mis gustos; me fui a dormir temprano. A las ocho y media me levanté cuando todos iban regresando del antro, pedísimos. Se habían peleado con otros tipos porque los mojaron con champagne… Me senté en la sala con mi Mac a navegar y un tipo llegó en boxers, con el miembro erecto, a sacarme plática, acostándose en el sillón frente a mí abriendo sus piernas y tratando de mostrar tanto como pudo, estaba borracho, obviamente. Y yo leyendo información del VIH, él se quedó dormido y mi lívido no despertó jamás. En la tarde estábamos en la sobremesa y me preguntaron por qué me había regresando tan temprano, les dije que la música no me había gustado y me vieron con ojos raros todos; chale, debí haber sido más diplomático y responder algo políticamente correcto. Acto seguido me preguntaron sobre el tipo de música que me gusta y por decir algo respondí que indie, el folk, algo de la electrónica, el rock de varios tipos; entonces el tipo del miembro erecto se me quedó viendo fijamente mientras cuestionaba abiertamente: -¿Qué es indie?- Mierda de mierdas pensé yo para mis adentros.
Tal vez pensamos que salirnos de nuestro círculo es la respuesta a nuestra constante queja de respirar otros aires, de romper con la rutina, de dejar de ver siempre a las mismas personas en los mismos lugares, todo el tiempo. Pero ese gran cambio sólo lo vamos a obtener si nos hacemos compadres de Damero y sus amigos y nos vamos a vivir a Berlín. Acá en el Sur la historia es otra. Y no es que me queje, simplemente decidí darle un fin de semana de oportunidad al jet-set limeño y obtuve los resultados esperados. No hay decepción. Tengo a Dany en Lima que estudió cine y es dj, hablamos por horas y horas de películas y de música, Dany es el dios inca al que le rezaré, me llevará al underground y seré feliz ahí, sólo espero poder contemplar al gore desde la barrera. Lavar las ideas en seco como le dijeron a Lili the kid. La nueva diversión garantizada será un viaje bien planeado al ayahusca, adiós a los químicos malhechores.
Tomado de la madurez verde.
1 piensos:
excelente definicion: la eternamente jodida repeticion del mood de boda.
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