a r m b a n d u h r
Hoy es uno de esos días en que ni la música protege a Rodrigo. Las cosas no han salido como él quiere, es normal, las cosas no siempre salen como uno quiere, aunque también a veces pasa lo contrario y un desarrollo exitoso sucede de forma natural. Los expertos dicen que es cuestión de actitud, de energía positiva y karma. Para armonizar al globo interno que se desinfla lento Rodrigo extraña a sus amigos en la otra ciudad. Acá tiene una formidable vista desde el piso siete de uno de los conglomerados más grandes del mundo, veintidós millones de posibilidades improbables existiendo con sus luces encendidas por todas partes noche a noche. Entonces para distraerse reflexiona con detenimiento en cómo el agua corre por los tubos en los edificios, saliendo por regaderas y llaves; entrando por otros tubos revuelta de jabón, mugre, grasa y lo que resulta del proceso digestivo. El agua circulando como sangre en el interior de las paredes de los inmuebles. Emite también pensamientos llenos de una electricidad estática; la cual, ensordecida, hace su parte dentro y fuera de su cabeza.
Se pone después a re-calcular la resistencia al aire de los sentimientos que caen desde alturas desproporcionadas, bebiendo un english breakfast con leche al lado. Está preocupado por encontrar una lógica que le permita construir pensamientos objetivos que fluctúen entre sí y que se encuentren dentro de un contexto universal desenvolvente, aplicable para esos casos de esas personas que tienen relaciones de pareja consigo mismas. Ordena palabras para que concuerden y expresen algo que antes de ser expresando era solo de él, algo naturalmente privado que anhela hacerse público. Rodrigo intenta vaciarse en sonidos que compongan palabras y por fin explicar ciertas funciones que se derivan del tiempo y otras cuestiones, un sistema blando que plastifique la transición del amor al capricho y viceversa. Hay una fórmula incompleta que integra constantemente a la variación de su vida, sabe que está próximo a un nuevo desenlace. Porque a fin de cuentas así es esto, la vida son desenlaces amarrados que cada quien libera del nudo gracias a las capacidades propias. Le brotan unas ganas metafísicas de ser otro centro de atención más y se conforma con alguna audiencia escasa, se conforma mediocremente con simular al amor, al bienestar y al capricho; hasta que el truco quede expuesto y no tenga más remedio que hacer las cosas bien y a la primera.
Hay una fila de suspiros que se formó cuando la fiesta de los orgasmos dispuso su astuta retirada, Rodrigo cree que nadie la nota, y tal vez así sea. Pero los mensajes siguen llegando, sobre todo en la madrugada cuando los muchachos se transforman en seres más libres y todopoderosos. El sentimiento descalificado trata de acomodarse entre las almohadas del alma, rondando por ahí como algo que flota indeciso, volátil, extrapolando al momento. La incapacidad de existencia de ese sentimiento cálido en el interior, una retaguardia bien organizada y dispuesta a negar todo intento de globalizar sus afectos. Por su puesto los nuevos horizontes derritiéndose no se hacen esperar en un campo de juego bastante grande y despoblado; ahora Rodrigo no se preocupa, casi no se preocupa, corre de un lado a otro por la chanca subterránea sin despegar la vista del suelo, sin balones, con la tribuna vacía, sin luz, ensimismado como siempre. Alguien o algo le grita: “el fuerte, ¡lotería!”, e inmediatamente se escuchan risas grabadas. La necesidad de tener a alguien se convierte en la meta para la siguiente vida o el siguiente mundo, mientras la contra-necesidad de tenerse a sí mismo se reacomoda en esta esfera; solo falta prender la licuadora para que las partes se vuelvan una masa uniforme e imposible de volverse a separar.
Fallas en la comunicación como siempre, así es ese proceso entre los humanos y punto. Habría que encontrar los motivos implícitos en las propuestas que ha recibido mediante la práctica de una honestidad platónica pura, pero esa práctica es imposible. A Rodrigo le parece que en esta ocasión el orden de los factores ha alterado irrevocablemente a todo el producto, quisiera saber si la inteligencia del otro fue capaz de armar ese plan que le fue tirado como red de pesca a la superficie de sus aguas profundas, oscuras y revueltas.
El castillo parece sostenerse, desde el minarete observa confundido y asombrado cómo la edificación se mantiene en pie aparentado una estabilidad ficticia, pues los cimientos en los que se supone debería de apoyarse no existen, nunca fueron construidos, entonces el castillo flota como en las películas orientales de animación. Comprende con una exactitud matemática las razones por las cuales a los castillos hay que rodearlos con una fosa donde vivan algunos cocodrilos. Rodrigo ha mutado en su interior, sin dolor, sin convulsionarse, sin llanto; todo esto significa madurez, aunque para ellos tal vez solo signifique cerrazón, estupidez y manierismos racionales que degradan a las personas. Ya no hay razones para deprimirse notablemente pues la depresión se convierte en gotas de sudor que van resbalando por su piel y conforman el aroma propio de Rodrigo cuando corre en el circuito del parque.
¿Habrá otros planetas en el universo con otros seres donde el amor sea realmente un campo lleno de aire y flores, donde las parejas sean multitudes entusiastas y no binomios cerrados? ¿Habrá más campo en este caos para expandir al sucio juego de la libertad y de la individualidad nietzcheana? ¿Habrá personas en esta realidad y este presente que anhelen dejar a un lado al control sobre el otro, que no quieran ni necesiten de otros para inflar al bienestar personal? Rodrigo cree que lo mejor es desistir y no explicarle nada a nadie ya, ¿para qué desgastarse? De cualquier forma hay un ciclo que se repite, hay un aprendizaje único que se obtiene al hacer mudanzas en condiciones inestables. A tanta soledad rechazada no le queda más alternativa que hacerse compañía a sí misma y sonreírle al futuro.
Un huevo se rompe y de éste sale una tortuga pequeña. Rodrigo se convierte en una carga polar en las inmediaciones del mar y llama instintivamente a la tortuga hacia la espuma en la orilla del mar. Arriba en el cielo las gaviotas hambrientas planean la muerte de la tortuga. Nunca sabremos si pudo entrar al mar o si la selección natural la condicionó a morir ahí pocos instantes después de haber nacido, justo en la orilla del mar.


1 piensos:
Otros en cambio, dirían que Rodrigo tiene suerte, que aún puede pensar en las tuberías, lo de la vista en el edificio ( que pasa en un día de Luna). Rodrigo me inquieta y de alguna manera me agrada y cae bien.
Imagino que es de esos tipos no alegres, pero que sonríe, que hace además comentarios sarcásticos y soeces ( soez nunca lo había escrito en plural) causando mofas y risas en vivo, incluso algunos ja-jas de personas que no siempre lo entienden ( por falta de culto, de velocidad en el entendimiento, o de plano porque ni siquiera se escuchó bien)
Destaco:
Le brotan unas ganas metafísicas de ser otro centro de atención más y se conforma con alguna audiencia escasa.
Parejas que sean multitudes entusiastas, no binomios cerrados.
(se me hizó muy gracioso lo la retaguardia bien organizada.)
Saludos Al
Publicar un comentario