28.3.08

¡Gol contra mi Mac!

Llego a la sala de espera K de mi tan amada T2 y me voy al pasillito casi oculto donde hay conexiones para enchufar las compus a la energía eléctrica. Los de las águilas de América andaban regados por toda la sala de espera, uniformaditos con sus playeras amarillas y shorts azules, calzado deportivo y casi todos con ostentosos relojes que parecían muy pesados (heavy stuff). De entrada los vi y no le di mayor importancia, los futbolistas también tienen derecho a viajar, y estoy seguro que miles de millones de personas han de pensar que hasta tienen más derecho a viajar que uno, pero esa es harina de otro costal.

Total que saco mi Mac y me enchufo, a los pocos segundos llega un güerito estrellita, se sienta a mi lado y saca su MacBook Pro también y se enchufa, pocos segundos después llegaron otros pateadores del esférico a reunirse con el güerito estrellita y se pusieron a jugar poker por Internet. Me di cuenta que el güerito era estrellita porque empezaron a desfilar muchas personas, hablo de varias decenas, a pedirle autógrafos al pateador en cuestión. El güerito, hasta eso, medio amable con la gente. Ojala me supiera su nombre y pudiera decirles quién es. Sus compañeros se peleaban la compu para jugar mientras el otro estampaba su firma en los papeles de los fans. Los fans se iban diciendo cosas como, “ay, que lástima que no tenemos una playera del América para que nos la hubiera firmado para el Ratón, se hubiera cagado si le llegamos con eso”.

Si ya antes había pensado que fui demasiado lejos al comprarme una MacBook Pro, ya que en realidad mi trabajo no amerita este trasbordador espacial de las compus; pero pues uno tiene la posibilidad de hacer estas mamadas y las hace, ni modo. Ahora me sentí peor al ver que el güerito estrellita se había comprado una igual a la mía, con el aparente propósito de sólo jugar a las cybercartas en ella. Tal vez estoy haciendo prejuicios, pero si tratamos de aterrizar en la realidad, no creo que la estrellita rubia explote más su Mac que yo. Y me siento mal por que pienso en Dalia, que de repente le batalla con su Mac y que ella es la que debería de tener mi Mac y no yo. Avanzo y reflexiono sobre el desbalance del neoliberalismo de mierda en el que vivimos. Avanzo más y acepto lo bien que se siente tener este equipo en mi poder. Y me doy cuenta de muchos retrocesos.

El miércoles jugó el América contra el San Martín en Lima y perdieron 1 a 0, felicidad oculta en mí. Mis compañeros de trabajo hablaban bastante del partido en los días pasados, más si tomamos en cuenta que entre ellos hay mexicanos y peruanos. Yo, al margen. Lo mismo cuando los viernes me quedo en Chincha y salimos al Mezcal a tomarnos unas chelas, yo al margen de la música y la peda. Lo mismo cuando llegan las muchachas pintarrajeadas a ligar, yo al margen de los ligues innecesarios. Justo ayer el Gerente de Habilidades Gerenciales habló en privado conmigo y me dijo que soy egocéntrico. Es la historia de mi vida, ser egocéntrico. Antes me agüitaba un poco, pues en el fondo uno siempre tiende a querer ser aceptado por los otros. Pero ahora que ya soy un adulto contemporáneo, tengo la certeza, seguridad y disque madurez de mi lado, puedo ver fijamente a los ojos de cualquiera cuando venga y me juzgue de egocéntrico (que además sí lo soy, pero no en la forma en que ellos creen) y callarlo sin tener que abrir la boca. El orgullo lo he vaporizado en los sudores cuando hago ejercicio y vivo mucho más tranquilo ahora sin un ápice de él.

Cuando el San Martín metió gol yo estaba en la regadera después de haber salido de la alberca y oí el grito de gol. “Mierda de mierdas” otra vez hacia mis adentros. Pero no me amargo, sólo me da risa, de esa risa interna que últimamente he desarrollado y es maléfica y está bien padre.


Tomado de la bella durmiente.

24.3.08

Versión beta

¿De dónde le salen a uno tantas energías?

Subirse a un taxi en Chincha por tres horas un viernes en la tarde, llegar al aeropuerto de Lima, hacer fila para documentar el equipaje, fila de casi una hora para pasar la aduana, fila para pagar las aguas de tocador libres de impuestos, fila para subirse a la aeronave, medio dormir durante las seis horas de vuelo hasta llegar a la T2 tan llena de círculos el sábado bien tempranito, desayunar huevos rancheros por fin, subirse a otro avión, bajarse del mismo en Guadalajara y tener que tomar un taxi compartido con algo de angustia innecesaria en el corazón por no dejar al sentimentalismo de lado, llegar a casa de los padres y no tener forma de marcar al celular de nadie porque el chip de Telcel no funciona en el celular de Claro que se compró en el Perú, meterse al Internet un poco agüitado por tanta cosa, encontrarse con quien se quiere encontrar e irse a comer una nieve y hablar sobre la protección sanitaria hacia el interior de los cuerpos, regresar a la casa de los padres, irse de compras toda la tarde, regresar para empezar a cocinar los platillos para la comida de pedida de mano de mi hermana del domingo, irse al Centro Cultural Chapultepec en la noche, hacer pisco sour, tronárselas, conversar con las amistades, ir a comer tacos a Mexicaltzingo, regresar de los tacos y ver que ya no queda nadie, irse a casa de los padres a dormir queriendo tener un celular para llamarle a quien ya se encontró porque se quisiera encontrar más de cerca.

Dormir unas seis horas.

Levantarse a seguir preparando la comida para la pedida de mano, ir al súper por los ingredientes que van haciendo falta, seguir cocinando, coordinar a las cocineras, remover los guisos, picar las frutas y verduras, sazonar, desayunar una torta ahogada, concentrarse en la hora y calcular el tiempo que hace falta para que todo esté listo, subir corriendo a bañarse pocos minutos antes de que llegue la familia política sin saber quién demonios inventó el concepto de familia política, bajar vestido y alborotado, saludar a la visita, disculparse y meterse a la cocina de nuevo, coordinar los toques finales, montar los platones con la comida, dar el aviso de que la comida está lista, sentarse a comer, comprobar que la comida quedó buenísima, observar la cara de satisfacción y los platos vacíos, beber vino tinto, champagne, cava, güisqui guardado en sabe dónde por diez y ocho años, empezar a bostezar descaradamente, escabullirse al jardín a dormir sobre el pasto, despertarse a los minutos porque alguien dice que hay que tomarse fotos, posar, sentir que se cargó la pila de la energía interna, empezar a coordinar el viaje a la playa, quitarse la ropa formal, ponerse la ropa cómoda, hacer la maleta para la playa, subir la maleta a la camioneta, subir el colchón a la camioneta, tomar algo de la comida que sobró, ir a recoger a quien se quiere encontrar para volverse a encontrar, ir a dejar al cuate, ir al Centro Cultural Chapultepec por fin, bajar colchón y maletas. Bajar la guardia, meterse en los brazos de quien se ha encontrado y que ya se tiene bien cerca para estrenar el sexo seguro.

Dormir.

Yelapa espera siempre y ahí se la pasa uno bien suave. Los días nada largos ni nada cortos, los primeros dos días sopló un aire frío pero no importó porque cada quien se acurrucó con su pareja y bien pegaditos se intercambiaron el calor corporal. Luego llegaron los días soleados, la manzana rellena, el alcohol moderado que hasta parecemos gente adulta, los pays, la tragadera incontenible, cada quien con su libro, la vista de la bahía desde arriba de la cascada, las tardes tranquilas en la cabaña frente al mar dormidos, abrazados, descansando, acumulando nuevas energías, regalando besos y palabritas cursis, disfrutando de cada bocanada de aire introducida al cuerpo, la luna en la madrugada mirándonos de frente a través de los palitos que forman las paredes de la cabaña, los métodos acordados para provocar la privacidad, las lenguas jugando a recorrer toda la piel del otro, los rincones expuestos de los cuerpos , las risas bien ganadas, los chiqueos, la felicidad resguardada de todo viacrusis inmoral, la comunicación abriéndose paso entre tanta buena onda.

Rescatamos un pedazo de historia que pudo nunca haberse salvado del jugo gástrico del olvido y del desacuerdo. Mañana habrá más aviones yendo y viniendo, tanto así que ahora ya estoy viendo los remolinos en la regadera ir en el sentido de las manecillas del reloj. Parece que el orden de las cosas es éste, que si las intenciones en el fondo fueron buenas el futuro traerá como saldo cosas buenas.


Tomado de la ley de la conservación de la energía: “La energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma.”

28.2.08

Good Lilián

La recurrencia ¿no?, los monotemáticos que bien podríamos aburrir a la humanidad entera pero nunca a nosotros mismos. Tenemos la pasión localizada y bajo la mira, trabajamos desbastándola poco a poco. Queremos las explicaciones sobre el entendimiento de algo, cuando simplemente hay cosas que no se pueden entender o que no se deben querer entender. Lo sabemos pero no hacemos caso. Y en este aferre obstinado llegamos a puntos que ni nosotros mismos sabíamos que llegaríamos y es ahí donde reside la alegría amarga de creer que hemos encontrado una cienmillonésima parte de la respuesta total, para luego regresar al principio, al entendimiento de que seguimos sin saber gran cosa. Pero la terquedad no se quita fácil, es genética propia de nosotros, y qué bueno, porque somos caracoles que dejan su baba embarrada en troncos vírgenes, mientras los demás son escargots bajando por el tubo digestivo de alguna pasión glotona como la misa del domingo, el fashion o el fútbol, por citar esos lugares comunes.

La soledad que se genera en todo esto es un concepto impuesto, magia negra social. El disfrute de un plato sucio vacío sólo lo sabe el estómago, después se irán enterando los demás. Y hay quienes ni se enteran, aunque se nutran del evento.

La recurrencia nos afirma y descontrola tantas veces como veces quepan en la repetición. Un placer que cansa.

Una tensión individual junto a otras muchas hacen que el corazón bombee más fuerte. Pero si nos cansáramos de escarbar sobre la piedra, nos cansaríamos del aburrimiento de estar frente el estadio lleno de gente que grita o de las compras de artículos de lujo en Plaza Galerías. El refugio a nuestras neurosis son cosas bien provechosas: la música, el cine, las letras...

Refugios recurrentes, música recurrente, letras recurrentes, cine recurrente. Está claro, no hay necesidad de inventar algo nuevo, siempre será lo mismo. El remedio es coger un avión en donde quepa nuestra vida y venirse a Perú, irse a Sydney o a Nueva York. Romper falsamente el ciclo, despejar mediante simulacros a la mente. Para decir y pensar que nos hemos librado del problema, que de aquí en adelante seremos otros. Levantarse de la cama con propósitos. Y terminar la vida aceptando que nunca fuimos capaces de sacar la cabeza del hoyo. El hoyo del mundo donde sin saber nada estamos.




Tomado de esta liga.

7.2.08

Remolinos

El avión salió tarde porque migración retuvo, no sé con qué motivos, a algunos pasajeros peruanos. Las aeromozas (bonita palabra) decían que faltaban subir a 40 personas, subieron como 20 después de 1 hora de estar viendo la T2 del Aeropuerto Internacional Benito Juárez desde mi asiento, el 9F. Luego los terramozos empezaron a bajar maletas, las acomodaron justo debajo de mi ventana y vi a una de mis maletas ahí, bajada, tirada entre las otras. En seguida fui con las aeromozas, apurado, a pedirles que subieran mi maleta, pero en cuanto me levanté del asiento el capitán accionó la reversa y el avión empezó a alejarse del la T2. Adiós T2, tan llena de círculos. Adiós ropa presentable para ir a trabajar. Una aeromoza, la guapa, corrió hacia mí y empezó a regañarme por haberme levantado. Los chicos futbolistas de la sub-18 de Argentina empezaron a aplaudir después de casi 2 horas de retraso para despegar. Le expliqué con algo de tranquilidad la situación de mi maleta, ella me mandó sentar y esperar, corrió hacia la cabina de mando, regresó al poco tiempo diciendo que el capitán en persona había confirmado que las maletas que se bajaron eran de los pasajeros que migración no dejó subir al avión.

Las personas a mi alrededor que se enteraron de la situación me miraban con ojos de lástima, de pobre pendejo. No pude más que decir que por una maleta no íbamos a retrazar más el vuelo y las miradas de lástima cambiaron a agradecimiento. Pensé para mis adentros que tal vez esa maleta sólo era una parecida a la mía y afortunadamente así fue. Qué bueno que no me puse como loco a gritar a que pararan al avión.

El asiento de al lado no fue ocupado y en el siguiente estaba Hugo, un señor de descendencia japonesa, de origen peruano, que de joven se fue de mojado a México y pal’norte a lavar platos y que ahora vive en Tokio. Exmilitar en Perú, iba vestido con pantalones camuflageados, playera negra con estampado de víboras y varias cadenas gruesas de oro. Platiqué con él un rato, pero la conversación no fue nada interesante, así que mejor saqué el regalo y empecé a leer la novela de Murakami.

Lo primero que hice al llegar al hotel fue abrir las ventanas, prender la TV y hablar al room service, eran ya cerca de las 2a.m. en estos lares. Llegó el sandwich con papas a la francesa y la leche fría. Cené, me bañé y rasuré. Por fin he visto cómo el agua hace remolino para el otro lado, es tonto, lo sé, pero es algo que quise ver desde niño cuando me enteré de dicho fenómeno.

Ahora viviré por 7 meses en Chincha, un pueblo arrabalero a 2 hrs de Lima. Y sí, dicen que Perú tiene unos lugares muy bonitos, pero deben de estar en otro lado, por aquí bien podrían hacer Mad Max VI sin problemas. Adaptación y des-ondeadéz son la clave. Mi primer día de trabajo ha sido bueno, los compañeros y la chamba pintan bien. El mito de los pobres indígenas cosiendo las playeras de Polo Ralph Laurent y Lacoste se esfuma ante mis ojos. Sus condiciones de trabajo no son deplorables ni infrahumanas, tal vez en Sri Lanka así sea, pero no aquí.

Ya quiero ir al baño otra vez a ver cómo se va el agua alrevés.


Tomado del hemisferio sur.

29.1.08

Señoritos únicos

A la persona A5 le está por llegar el momento de partir y no sabe todavía ordenar en su caja de apegos sentimentales qué es lo que más le afecta dejar. De los objetos y lo concreto no hay problema en abandonarlos, lo abstracto viaja gratis a donde sea; sin embargo entre todos los apegos hay uno que se refiere a las demás personas, a la persona A6 en especial.

¿Con qué se llenarán todos los vacíos que la comunicación nunca pudo satisfacer? Ojala que no se llenen de olvido.

Las cosas materiales requieren de muy poca concentración para definir sus destinos. Los bienes intangibles se quedan en el tiempo que se ha pasado invertido en compañía de A6 y de todos los B, los C y los R. Si el tiempo no pesara tanto entonces los añoros tampoco tendrían valor ni sentido, o si viviéramos en promedio el doble de lo que ahora vivimos, añoraríamos las cosas con otra visión. Es la sangre coagulada que hemos guardado de las batallas perdidas y de las ganadas la que más cuesta enterrar, dejar al rojo y aceptar al blanco porque el negro empieza a ser aburrido. Es el tiempo invertido de todo el tiempo que ya pasó lo que nos jala a mantenernos sombríos, neutros, pensativos; hay que ver también hacia el tiempo que no ha pasado, allá debe de haber mejores momentos, y claro, peores también.

¿Y si los vacíos se llenan de soledad o de vicios? Ojala que no sean tan desesperados.

La persona A5 tomará un avión hacia el verano en el hemisferio donde el agua hace remolino para el otro lado. Y allá tendrá que haber aire para seguir existiendo, un poco de sal de mar y con suerte arena, bronceador y fines de semana lejos de la soledad y los vicios. Allá seguirá la cabeza de A5 pensando en estas cosas cada vez menos y menos, llenándose de imágenes nuevas para cambiar sus pensamientos a cosas distintas. Allá habrá frutas raras, olores y sabores desconocidos. Allá está el futuro, y aquí también debe de estar, sólo que está en alguna agencia de viajes haciendo las reservaciones. Está en todos los días que se van pasando hasta que amanece y un avión te traga por horas como si fuera una ballena que vuela por los aires americanos.

¿Y si los vacíos quedan por siempre vacíos? Ojala que se vacíen entonces eternamente en el olvido.

La persona A6 en sus cosas. La persona A5 desconcentrada, pendejo en extremo. La incomunicación burlándose de ellos, como siempre. La persona A6 afanado de noche y día, la persona A5 con los B, los C y los R, pensando en los A, en A6, en el tiempo invertido, en los aviones-ballena, en el cambio de clima, en sobrevolar el ecuador escuchando a M83, en la rutina como un aliado, en las horas que ya no se pudieron compartir, en la incertidumbre de saber que posiblemente ya ni si quiera hay algo para compartir. Pero por sobre todo, pensando en todo lo que no se ha dicho. Y que seguramente no se dirá. Entonces la resignación se niega a venir en su auxilio, está resignada a continuar negando sus válvulas de escape. A5 no sabe en qué momento dejará de pensar minuciosamente, en qué momento fue perdiendo el sentido de las cosas y se dejó auto atrapar en el callejón sin salida de los sobre-entendidos.

La injusticia y la revolución francesa de borrachera juntas lejos de París. ¿Y si los vacíos crecen y se van tragando todo? Ojala entonces que la mordida sea como la de un tiburón con mucha hambre.

Hasta la ciruela pasa dice la señorita L3 cada que puede. Y A5 está de acuerdo con la afirmación, lo que le preocupan son los vacíos, los jodidos vacíos que no lo dejan dormir, que no lo dejan llorar, que no lo dejan correr. Mañana A5 se vestirá formal-casual, no habrá nadie con quien compartir el evento y eso está bien, no hay necesidad de rebotar la imagen en los ojos de nadie, basta con que el espejo dé su visto bueno y le diga a A5 que los ajuares le quedan pintados. Y las clases de 7a.m. que les dé el gobernador, el alcalde o cualquier servidor público que sea distinguido para el uso de las herramientas y programas de la comunicación gráfica, que nos llevamos a A5 de gira dicen los regios.

¿Y si los vacíos en realidad no existen? Ojala que así sea.

Entonces Madonna cumple 50 años este año. Es probable que A5 regrese hasta finales de abril pero a los campos de polo de Indio Valley. Es posible también que A5 cambie con el transcurso de los meses y encuentre su centro de gravedad. El cambio es el gran futuro, ¿no es así? Y las pocas décadas que vivimos quedan reducidas a grupos de personas como los A, los B, los C, los R y todos los demás… transcurridas en los usos horarios de las diferentes locaciones del mundo, giros y giros, recurrencias que se necesitan pero que en realidad no son necesarias.

A5 se conforma, y se conforma muy bien, con un abrazo y un frasquito de agua salada que no sea de mar, para ponerlo al sol junto a la ventana, permitiendo que el líquido se evapore y vuele, ojala que lejos.



Tomado de la distancia que no se ha recorrido y de los agujeros destapados como caries.

17.1.08

Al 100% a otro lado

Es lo que le pasa a la gente por existir.

Vamos pues a jugar a otra parte, allá también hay magos y payasos, como en cualquier lado. No escribiré más de mis propios piensos y dejaré a la ficción entrar a mi cuarto, que estará en alguna parte del sur. Vamos jugar a tener dinero y andar de viaje, arreglando cosas que a fin de cuentas a uno no le incumben tanto; salvo por las garantías, los contratos y esos papeles que la gente que existe anda firmando a cada rato.

Un, dos, tres por mí y por todos mis amigos, vamos a firmar tantos papeles como sea necesario y cruzar entre tanto una que otra frontera.

Tengo que aprender a respirar.

¿De qué sirve romper el vitral de las ideas?, el cerebro haciendo su caldo de químicos eléctricos generando algo que mueve a mis dedos sobre el teclado y muchas otras cosas adentro de mí. Todo puede exagerarse a ese grado y sentir que el aire se convierte en una masa caliente o que nadie será capaz de entendernos, adolescentes por siempre, seguimos pegados a los extremos del pensamiento. También en esa cabeza se pueden producir soluciones oblicuas y rediseñadas, con su balance de picosito y dulce.

Alguien hace muy poco me dijo que hay que dejar ir lo que sea que se traiga en las manos y abrirlas para dejar que otras cosas lleguen, y en verdad no pedí nada, ni si quiera me imaginé haciendo un gesto simbólico ni mucho menos soltando el backpack de todo lo que me ha pasado en los últimos años en esta cuidad. Y la tecnología funciona, estoy en el futuro, haciendo entrevistas por webcam desde mi cuarto.

No entiendo todavía muchas cosas pero sé que si doy los giros con atención, entonces tantos giros producirán las vueltas que todas nuestras vidas tienen que dar hasta que la ruleta deje de moverse y se cumpla el destino, haremos cuentas y existe una mínima posibilidad de que volveremos a apostar.

Mientras, pues que pasen los días con sus 24 horas. Así, despacio, parece ser que a la vida no le urgiera nada. A veces llueve y a veces hace calor, otras veces corre el aire por las calles. Y de repente se pasan dos años o diez o tres meses o cinco horas. Hasta que por ahí un momento llega y fija a los puntos base en coordenadas diferentes. Mi vida es así, y todavía tengo la estúpida idea de que la controlo con decisiones semi-sabias.

Siento, entonces estoy vivo, luego entonces estoy bien.


Tomado de los hechos (de los apóstoles, obvio).

14.1.08

¡Antepasadés!

“… la empresa de la colonización tropezó con sociedades complejas, ordenadas, dotadas de leyes, de mercaderes, de templos y de religiones, que exigían estrategias de dominación más elaboradas. Estaba a punto de estallar la guerra de las imágenes.”

Tomado del libro:

La guerra de las imágenes.
De Cristóbal Colón a Blade Runner (1492 – 2019).
Serge Grunzinski.

10.1.08

Ocho mil dos

Los movimientos no cambian, casi son idénticos, irrepetibles. Acontecen bajo el mismo método una y otra vez. Todos vamos envejeciendo, hasta los niños van creciendo y haciéndose otras personas, personas en el tiempo.

Los eventos que hacen los movimientos son por ende meras representaciones, platonismos reflejados por todas partes. La cena y la discoteca, el champagne y el güisqui de los caros, las bodas y los recién nacidos, las chichis operadas y las tías borrachas, el intercambio de regalos y el internet en el lobby, el conjunto de músicos y la ensalada con bombones y mandarinas. ¿Vamos a intentar balancear lo bueno y lo malo en todo esto? Paso sin ver. Mejor los invito a volver a la base de por qué lo bueno es bueno, por qué lo malo es malo y cuándo lo bueno es malo y viceversa. O avancemos hacia la desaparición de lo bueno, lo malo y todo lo demás.

Perdón pero he perdido el sentido de las fiestas, de desear año con año lo mejor de lo mejor. Y ¿qué irá a pasar en febrero cuando alguien necesite otro año nuevo así de pronto?, ¿cuál día será el mejor de los 365?, ¿por qué medir al tiempo en conjuntos de 365 días? Estamos ciclados, perdidos en los años de una historia que nunca empezó.

La carretera fue la pista por donde fui dejando las llantas erosionadas y la vista tratando de recolectar imágenes instantáneas como los triángulos con gallos, el sol sobre los árboles, los cerros y valles al atardecer, los pájaros en parvada. El pensamiento puesto en marcha, como el motor, con 6 cilindros, tomando curvas con el peralte suficiente para no caer al barranco. Hasta que se hace de noche y estás de regreso en otra parte, en el bosque. Traté de adivinar el lugar de la cabaña donde pasaba los veranos de mi infancia pero mi memoria se aferraba a una brecha que ahora tiene asfalto encima.

Voy enamorándome poco a poco otra vez de mí mismo y no es fácil. Algo supe en un tiempo pasado sobre no necesitar ni a conocidos ni a desconocidos y disfrutar de mis propios momentos y pensamientos. Pero para llegar a esa cima hay que caminar con poco equipaje y ahora más bien sigo buscando mis maletas en los carruseles de todos los aeropuertos que nunca he pisado. Tampoco es que lo pase tan mal; aquí está este puño de arena que guarda mi traje de baño para atestiguar los veranos que nos fabricamos en la playa. Son sólo las quejas que nos salen a los que no nos hemos encariñado todavía con el frío del invierno.

La máxima depresión continental de Euro-Asia se encuentra en el mar Caspio y creo que a menos de dos mil ocho personas les ha de importar esto.


Tomado de una persona que vive en una cuidad relativamente al noreste del istmo de Tehuantepec.

20.12.07

Fujiyama scouting summer sessions

Alguien me preguntó, ¿en dónde compraste tu pantalón? Respondí sin pensarlo: "me lo compraron mis papás en París."

Luego pensé en las implicaciones de mi respuesta, en las consecuencias de los actos en reversa. Como un puente que se cae, pero como es en reversa, es un puente que de ser un montón de escombro se alza contra la fuerza de gravedad.

La clave está en hablar sin pensar. De cualquier forma, ¿qué tanto aporta el pensamiento al habla? Estoy cerca de estar seguro de que el habla es una función independiente a todo.

El sistema espacial se reacomoda en automático y orgánicamente, las conexiones arteriales van encausadas hacia el corazón de todo esto, de eso sí estoy bien seguro.

Pocas cosas se van soltando, como las últimas gotas de lluvia que esperan a caer desde el tejado en vez de esperar más hasta que la atmósfera las evapore.

LSD and the search for God tocando Starshine, las vocales en el aire cantado.

Alguien me preguntará, ¿qué significa lo insignificante que somos? Y sabré responder sin pensarlo.


Tomado de la inconciencia.

18.12.07

A Jedi's dream

Huele a jabón industrial y el ruido de las aspiradoras es completamente normal que se oiga por todos lados. Los perros hoy no reclaman su espacio. No los hemos educado tanto, todavía.

No es que la desesperación nos llegue a matar, sin embargo no vemos a nuestro entorno artificial como algo contrario a la naturaleza. ¿No es cierto que en grados más o en grados menos todos nos ahogamos un poco en este mundo? Tantos metales fundidos en finitas e increíbles cantidades de tornillos, de chips, de superconductores; tenían que crear nuevos campos magnéticos.

¡Super-información super-transmitiéndose super-fácil y super-rápido!

Que todo está conectado ya fue descubierto y casi demostrado. Postulados, hipótesis, teorías, asignaturas, imperativos categóricos y muchas cosas más componen las ideas que bajamos a las letras. Todo es la misma saliva, el mismo beso.

Antes hacíamos fiestas en casa de los papás cuando éstos se iban. Ahora conseguimos gente que ponga la música, gente que nos preste unos cables, gente que merque a la diversión garantizada, gente que pague la entrada, gente que ponga el antro, gente que socialice y baile. Gente que destruiría tu casa pero no el antro.

Consguimos hacer espacio hasta para el vacío que se forma aquí.


Tomado de Juana la cubana: "sabroso como jugo de manzana".

3.12.07

Campana sobre campana

Es la segunda. No. Es la tercera vez. No, tampoco. Es la cuarta o la quinta, ¿sí?

¿Y qué más da?

Allá lejos una morenita va a terapia y sólo queda más loca, patinando en el messenger. Hay perros que son sacados de las perreras, con muy buenas intenciones, obvio; y terminan en las veterinarias hasta que a alguien más le interese el flete. Estamos todos cansados y por eso tenemos prisa de recoger las cosas y decimos no más de cuarenta palabras. El sueño nos gana, porque horas antes, de noche, nos ganaron las ganas de jugar a la diversión garantizada.

El pequeño sistema que comparto con los otros animales, racionales y no racionales, se convierte en una caja negra donde todo entra y todo entra, se revuelve; la caja eructa, vibra y todo sigue entrando. Como si la nada fuera tan grande, más que el todo. Como si las coladeras fueran portales metafísicos que realmente lograran desaparecer las cosas.

Es la sexta vez que trato de seguir siendo amable. La séptima que tengo que experimentar más paciencia. La octava vuelta al hemiciclo del vacío. La novena a la virgen. La décima parte de un orgasmo o de un átomo. La onceava mentira. Doce cosas bien dichas.

¿Y qué más da?

Las estructuras atómicas no se van a deshacer por ninguna de las causas aquí expuestas. La combustión del helio no está por terminarse en el centro del sol. La genética no producirá monstruosidades. Los perdones vendrán por sí mismos a nuestras redes neuronales y con la poca certeza que nos quede, después de deshabitar el mar de la tranquilidad, seguiremos con los segundos pegados unos tras otros, hasta el último, el primero.


Tomado de la desmesura.