27.6.09

Belly

No controles.
Flans.

Adentro tiene un cartucho gastado de baygon azul con restos de cerveza y de cualquier forma los mosquitos nadan sobre las cabezas en la madrugada; llovió, el aire está mojado. Puntos suspensivos y luego el fin.


Tomado de Agoraphobia.

25.6.09

Further into the future

Hold me up so high to touch the sky just one more time.
The cure.

Los novios del futuro se enamoran en páramos secretos lejos del amor, son demasiado cautelosos, directos, inocentes y posiblemente gracias a su inercia futurista nunca han de confiar de nuevo en eso que la mayoría asume como relaciones formales. Sus interacciones son estables por ser ligeras, tan faltas de compromisos y de barrotes; con tanto aire y bosque de por medio es imposible ahogarse. Ellos no se pertenecen el uno al otro, su responsabilidad va para consigo mismos. Confunden al sentimentalismo entre caricias tiernas que se reparten distraídos, sueltos, un poco libres, un tanto ajenos. Llenan sus horas juntos de pláticas constructivas en vez de volverse sólo cursis. Los besos que se dan son reales o difusos, cualquier cosa menos patéticos. Se permiten una comunicación transparente, carecen de juicios altivos y como anulan constantemente al verdadero amor, su sentido de pertenencia se hunde para dejarlos al fin de cuentas solos, como al principio, como si nada hubiera pasado.

Se premian los ligues con otros por medio de un abrazo fuerte, llenos de un respeto antiguo, contradiciendo todo su discurso. Ellos no saben en sí gran cosa, sólo están preocupados en inventar nuevas formas de satisfacer sus necesidades de pertenencia; su egoísmo, hedonismo y narcisismo crecen sanos, fuertes, imponentes. Y sobre todo callan sus intenciones para con el resto de sus congéneres, disfrutan de su confusión propia y de la confusión que provocan en los demás. Los novios del futuro son incomprendidos ahora, está bien, ya que ni ellos mismos pueden explicar la lógica de sus encuentros. Se arrebatan el apoyo de uno al otro como hienas frente a animales en descomposición, recelosos, con un gesto de ataque en la boca exponiendo sus dientes en señal de cautela. En esa decadencia se aman con una fórmula nueva, repetida y descentrada, visceral. Incapaces de jurarse algo se juran la nada, el vacío, el fin, la vuelta y allá en el fondo de todo vislumbran al futuro, a la muerte que los reafirma y bendice con una ironía bien presente.

Ellos no construyen juntos, sólo agendan lapsos de tiempo para verse a los ojos, prefieren mirarse sin tapujos en vez de ilusionarse con días felices, pasteles rosados, aniversarios fieles y de cualquier forma se mimetizan, pues de eso nadie escapa. Los novios del futuro destruyen el amor con más amor, con un amor de otro tipo; un meta-amor aguerrido, musculoso, escaso, volátil, extraterrestre, de súperhombres. Se lamen las heridas y procuran no hacerse nuevas. Se olvidan con una comodidad envidiable el uno del otro para darle tiempo al tiempo y esperar a que llegue otra mañana con un dejo de extrañamiento para simular una alegría en el reencuentro. Anuncian con una voz muy queda la descomposición del núcleo social y cual arpías con doctorado en falta de compasión quieren destruir todo lo establecido y correcto, se protegen con esmero, se cuidan a ratos, se descuidan después, toman todo el desorden y se lo beben de golpe, eructan groseros y alcanzan otro tipo de felicidad, una más animal y aterrizada. De esa forman aseguran en el futuro el regreso hacia lo prehistórico. Estudian juntos los motivos que mueven a las personas a unirse, a quererse. Y en esa sabiduría reciente gozan destrozando a las cosas con martillos mentales, hasta volverse locos, escapando así de la sanidad, de los manicomios sin puertas donde todos vivimos entre asustados y obedientes. Ellos son los profetas del Apocalipsis social. Los novios del futuro son tan arcaicos y obsoletos que en realidad no innovan nada. Son una burla al futuro afirmada en el pasado, son la vuelta que cierra la circunferencia, la estampida en un espacio donde no se puede correr y sólo rebotan, se estrellan, aves fénix graciosas y sumamente estúpidas, payasos descorazonados con más lágrimas pintadas que sonrisas. Niños queriendo ser adultos, enlodados en su adolescencia, como si estuvieran perdidos en un laberinto invisible y autoimpuesto.


Tomado de lo real en la ficción.

17.6.09

Porno del bueno



Gustave Courbet hizo esta pintura al óleo sobre lienzo en 1866. Hojeando la enciclopedia de historia del arte de mis padres llegué hasta él, la impresión que me causó sigue vigente, de hecho cada vez que veo el cuadro un susto y una intranquilidad de apoderan de mí. ¡Tal atrevimiento, tanta vanguardia! Es desconcertante para un provinciano semiculto,143 años después de realizada ésta gran obra de arte, ver de frente el origen del mundo. No seamos estrechos de pensamiento, mi susto no tiene relación directa con dolencias freudianas en apariencia; éste es verdaderamente un susto artístico y me mueve, profundamente, a reflexiones que van más allá de la técnica.

La mujer parece fresca, relajada. Ella es joven y se encuentra acostada medio envuelta en una sábana, posiblemente flotando en un espacio oscuro. Nos está invitando a verla, aún más que eso, nos reta a verla de frente. Ella parece no tener vergüenza, en cambio nosotros fácilmente podemos enrojecer frente a ella. Ella que no existe en realidad, pues son sólo óleos intercalados. Y nos deja solos con nuestra reacción frente a la unión de sus piernas abiertas. Me imagino que sin importar la preferencia sexual de quien la observe, nunca será lo mismo lo que los hombres en contraposición a las mujeres observen al ver este cuadro.

Ahora que la pornografía es algo tan cotidiano, ver una vagina expuesta con tanta delicadeza y esmero me conmueve. Me hace no perder la fe en nuestra naturaleza. Reivindica la confianza en el ser humano. La apertura en su máxima potencia. Courbet sigue destapando tabúes 143 años después de haber pintado algo tan simple, directo, natural, normal, común, húmedo y penetrable. Ver el origen del mundo es experimentar un parto conciente y nacer ya crecidos, pensantes, temerosos.

El origen del mundo.
55cm X 46cm.
Museo de Orsay.
París.


Tomado de Rodrigo impresionado (supuestamente no debería hablar así de las vaginas).

16.6.09

Los iniciados

You could have it all, my empire of dirt.
Jonnhy Cash.

Cariño… pienso que las cosas no existen. Un vaso, un hombre, una gallina, por ejemplo, no son realmente un vaso, un hombre, una gallina, son tan sólo la verificación de la posibilidad de existencia de un vaso, un hombre, una gallina. Para que las cosas existiesen realmente tendrían que ser eternas, inmortales. Sólo así dejarían de ser únicamente la verificación de ciertas posibilidades y se convertirían en cosas. En efecto, de tanto modificarse, son utilizadas por la naturaleza, la cual verifica mediante sus transformaciones todas las posibilidades de las que dispone. A manera de ejemplo, una gallina, en el momento mismo en el que cumple su “deber natural” y pone un huevo, deja de ser una gallina para convertirse en el medio a través del cual la naturaleza verifica la posibilidad de existencia del huevo y, por ende, del mundo de los volátiles. Las misma ley es aplicable también al problema del espacio, tanto para el macrocosmos como para el microcosmos.

En el universo en expansión o, en todo caso, en movimiento, los planetas y las estrellas ocupan –y verifican en sus evoluciones– la existencia de espacios nuevos que concuerdan con su naturaleza desde el punto de vista dimensional (de lo contrario se modificarían o se desintegrarían). El hombre, estimulado a su vez por la misma “causa natural”, parte a ocupar nuevos espacios. Una de las propiedades que hace que un objeto sea tal es el hecho de que por su presencia en un sitio dado impide a otros objetos tomar su lugar. Dado que no existen cosas que permanezcan invariablemente en el mismo lugar, dejan de ser objetos y se transforman en verificadores de ciertas posibilidades espaciales, es decir en energía. Lo que para los objetos se plantea como un problema espacial, para nosotros los hombres constituye un problema temporal. Cuando efectuamos una acción cualquiera, por ejemplo cuando corremos, no estamos realmente corriendo, sino que simplemente verificamos la posibilidad de correr y la existencia de la carrera y transferimos esa experiencia a la “naturaleza”. En efecto, si lo comparamos con la longitud del tiempo de duración de nuestra especie, disponemos de algo sumamente limitado en el transcurso de nuestra vida para poder gozar de esa experiencia. Para existir de veras deberíamos detenernos en el tiempo y comenzar a vivir nosotros mismos, así pues, ser nosotros mismos los verificadores, para nosotros mismos. En tiempos remotos, el hombre no disponía como nosotros de tecnologías de punta ni de ciencias avanzadas como las de hoy; es por ello que la posibilidad de enfrentar la muerte con cierto margen de éxito era mucho más limitada. El ser humano siempre ha idealizado la vida eterna. Hoy en día, seguimos hablando de vida eterna, aunque con una diferencia: nos es dada la posibilidad de alcanzarla. Tendríamos que orientar el conjunto de nuestros esfuerzos y de nuestras posibilidades (principalmente en el ámbito científico y tecnológico) hacia ese objetivo único. Los que para el hombre de antaño eran simples medios (que le permitían salir victorioso de la lucha eterna contra la naturaleza) se han convertido hoy en objetivos; estamos libres de la aprehensión inicial y de las reacciones que la acompañaban y nos hemos convertido en locos que corren sobre una bola que vaga a la deriva por el espacio. El temor a la muerte siempre ha sido sublimado o utilizado por los poetas, los filósofos, las religiones, los artistas, pero nunca ha sido enfrentado con la sangre fría necesaria.

La mayoría de las actividades del hombre que hoy suelen parecer injustificadas se tornarían lógicas una vez alcanzada la inmortalidad, pues sólo en ese momento podríamos permitirnos objetivos fantásticos e irracionales destinados a brindarnos alegría (arte, investigaciones científicas, etc.) En la actualidad la biología ha divisado cómo podría influirse sobre las células que fundan el deterioro del cuerpo humano. Es decir, sobre el proceso que conduce inevitablemente hacia la muerte. Por desgracia, quienes emprenden esas investigaciones son muy contados respecto de la cantidad de habitantes sobre la tierra. Deberíamos cesar cualquier otra actividad, por ejemplo los vuelos espaciales, la investigación artística, la fabricación de armamento, etc. (excepto aquellas actividades que nos permitan sobrevivir) para poner a la obra y al máximo todas nuestras capacidades. Gracias a un esfuerzo colectivo, nos tomaría unos 20 años estar en condiciones de vencer a la muerte natural. Naturalmente, habría que suspender después los nacimientos hasta encontrar otros planetas u otras posibilidades de vida sobre la tierra. Todas las guerras y todos los rencores del hombre son engendraros por el miedo latente y por la conciencia de la muerte. El hombre dio inicio a su evolución defendiéndose del entorno desfavorable, elaborando por sí mismo sus medios de defensa. Curiosamente, una vez vencidas las calamidades más peligrosas, conforme pasaba el tiempo se iba acostumbrando la idea de la muerte natural como algo inevitable. Cada medio de defensa inventado por el hombre ha sido siempre contrarrestado por un medio de ofensa. Este precario equilibrio sigue existiendo hoy, con la salvedad de que los medios de ofensa actuales pueden destruir por completo toda forma de vida sobre la tierra. De allí que sea preciso orientar todas nuestras posibilidades hacia un ideal ajeno a las estimulaciones y las aspiraciones ordinarias del hombre. El hecho de tener hijos (hacemos nacer cosas porque no tenemos la posibilidad de vivir por siempre y quizá no tengamos esa posibilidad justamente porque hacemos nacer cosas) constituye una manera de lograr la eternidad, excepto que de ese modo es la especie humana la que la alcanza, no el hombre. Cobrar consciencia de que somos descendientes debería hacernos entender que somos nosotros mismos los que deberíamos de utilizar las experiencias que vivimos, hoy y a futuro. Desde hace algún tiempo me intereso por aquellas personalidades que han tomado en consideración este problema y que han entendido e interpretado la situación absurda del hombre sobre la tierra, antes que por aquellos que han cantado las bellezas y las certidumbres de la vida. Es así porque, de hecho, todos los hombres han entendido desde siempre que la vida vale la pena de ser vivida. En todas las épocas de la humanidad se han labrado ideales en los cuales creer, motivos que le conferían sentido a la vida; casi siempre se trataba de pretextos que hacían posible la unión de ciertas personas con otras, las más de las veces en pro o en contra de otras, incluso inventadas quizá. El hombre ha fingido siempre no ser autor de sus inventos y por lo tanto ha hecho como si éstos no fuese por completo controlables por él mismo, como si hubieran sido inevitablemente decididos por la naturaleza. Esos ideales, esa fatalidad en que siempre ha fingido creer, nunca lo han unido a sus semejantes, justamente porque de manera inconsciente sentía que se traba de ideales mitológicos de los que difícilmente podría obtener en su calidad de hombre ventajas reales y duraderas. Sólo un ideal superior, sin relación con la fatalidad, puede unir sin discriminación a todos los hombres en su empeño por lograrlo. Al alcanzar la inmortalidad, el hombre, quizá por vez primera desde su aparición sobre la faz de la tierra, podría realmente y de manera indiscutible diferenciarse del resto de las especies vivientes. Al detener la evolución del tiempo, a una edad libremente elegida, al interrumpir el envejecimiento, rompería el encanto de la dimensión misteriosa que revela el universo, dando así el primer paso hacia una mejor comprensión de la vida. Espero poder algún día tomar un vaso, llenarlo de vino y beber, y sacar a pasear a una gallina, y poder hacerlo de veras yo, yo mismo.


Tomado de Gino De Dominicis en la revista la Tempestad 16, edición semestral de artes visuales verano 2008 (no sé qué pensar de una revista con semejantes contenidos y una publicidad para muy pudientes).

13.6.09

Grande y tierno

How soon is now?
The Smiths.

Resulta que lo que más gusta en la vida es mejor tenerlo en cantidad escasa sino corre el peligro de perder su sentido. Entonces cuando alguno de esos gustos acontece, el placer que provoque será por lo menos un poco mejor que si estuviera ya muy gastado. 

Rodrigo los piensa leyendo el blog de Álvaro, haciendo así sus comentarios anónimos con una supuesta gracia incisiva, creyendo que se burlan o que buscan una especie de reconocimiento imperfecto, que disfrutan de la comodidad en las nuevas formas para decirnos las cosas, dándole importancia a esas frases articuladas que en realidad ni para Álvaro ni para Rodrigo tienen el mismo peso. Ellos fiándose de las palabras escritas, ellos enmarcando oraciones reveladoras para colgarlas en sus salas, baños y habitaciones cerebrales, otra Biblia falsa aunque más fresca, ocupándose de las vidas de otros porque las suyas no les son suficientes.

No hay tiempo para pensar ahora, ya todo está hecho además y sino, ahí está la TV, ¿para qué esforzarse?, ¿con qué lógica se vive todo un verano sin un ventilador al lado? ¿Y apoco tú te crees el cuento completo y sin fijarte mucho en tu propia persona disparas juicios creyendo que eres un francotirador de los buenos? Disparas pero no te importa fijarte si la bala dio en el blanco, estás tan lejos del blanco que ese ya no es tu problema, ¿verdad? La realidad es otra, siempre es otra cosa distinta, y es así para todos; Rodrigo intentará explicarlo: –Si los dos vemos una mesa roja, es posible que no veamos en realidad el mismo color. Sólo que tu cerebro registra ese color como rojo, y el mío registra otro color como rojo de igual forma. Y cuando decimos que la mesa es roja, los dos estamos viendo colores diferentes a los cuales llamamos de la misma manera. Pero en realidad el rojo no existe.– Y esto que nos acaba de explicar Rodrigo es como para darle besos con una admiración sin reservas por ser tan inteligente. Álvaro se ríe, de esa forma los demás sí lo entienden, ya que cuando Rodrigo llora los demás sólo se confunden. No están los tiempos para entendernos con lágrimas, ignoro si alguna vez fue posible esa forma de comunicación entre las personas. Las increíbles personas que creen que no son animales, que no son una plaga. Sociedades evolucionando desde hace 10mil, 50mil años o más, ¿qué sé yo? Si Rodrigo lo medita con calma puede observar que en realidad no hemos avanzado tanto, seguimos igual que siempre sólo que ahora todo urge, no hay tiempo de nada. Confiar en que todo termine. Por otro lado ya todo está dicho y hecho, y sobretodo gastado. Ya lo escribió así Álvaro, ¿no?

Entonces no voy a seguir a nadie. No quiero pertenecer a nada. Voy a esperar sentado a que la misma vida los transforme, a ver si algo me toca de esa transformación que todo sufre con el caer del tiempo. Y es sólo un capricho más, otra necedad sin fruto. La madrugada será mi aliada mientras voy eliminando a los vicios, saldré a correr y espero que ninguna ardilla se burle de mí, y si se burla mejor, igual me dará risa. No quiero entendimiento, no quiero curiosidad a mi alrededor tratando de indagar si soy quien realmente digo ser o si soy lo que ellos dicen que soy. Me rasco con mis propias uñas y se siente tan bien hacerlo que mejor lo interrumpo de golpe, no quiero correr el peligro de echar a perder también este gusto. Tengo que ahorrar placer para mí y para más de alguno de ustedes, sé que luego me van a venir a pedir prestado.


Tomado de tener 0 piensos a veces.

4.6.09

Falla

I might be wrong.
Radiohead.

Se revisa el módem, todo bien, las luces están prendidas, algunas parpadean con naturalidad. La descarga está lenta, algo pasa, tal vez sea el hecho de que hoy se nubló en la tarde después de otra mañana de calor intrépido. 20KB/seg en promedio es una grosería, de esas groserías que es mejor no tomar en cuenta pues nada se puede hacer para solucionarlas. Existen los centros de llamadas para la atención al cliente, y uno a veces se pone en contacto con los agentes, les explica que la descarga está lenta, que se contrató un servicio de tantos megas por segundo; ellos parecen no entender, dicen estar viendo en sus pantallas que todo está en orden, que se pondrán en contacto con el departamento técnico. Hasta tienen la osadía de decirme –no se preocupe.– Dos personas abriendo un proceso de comunicación; una el emisor, otra el receptor, cambiándose los roles constantemente mientras se reparten mensaje, código y canal. ¡Pero la comunicación no funciona! ¿Es que no se dan cuenta? La descarga sigue lenta. El departamento técnico no tiene ni idea, los agentes confían en sus pantallas y ni si quiera he llegado al 34% del total de la descarga. Entonces vuelvo aliviado a la maravillosa frase de ya sabemos quién: “hasta la ciruela pasa”.


Tomado de lo popular en la lengua y de las inmaduras “nuevas tecnologías”.

24.5.09

Ciencia Pachamama

Para mi primo pantera.

En el pie de Arabus, en el mar de hielo, se localizan los dos edificios más altos de este continente. En los hangares cargas científicas son alistadas para el lanzamiento de un globo a la estratosfera. Estábamos interesados en el proyecto de la detección de neutrinos. Los científicos planean elevar un instrumento de observación 40km en la estratosfera en busca de partículas subatómicas casi indetectables. Conforme se eleva, la pequeña burbuja de helio se expandirá hasta llenar la piel del globo que aquí se ve como un hilo blanco. Eventualmente formará un gigantesco globo de más de 300 pies de diámetro. Cuando llegue a la estratosfera los detectores explorarán miles de millas cuadradas de hielo sin encontrar disturbios eléctricos en un mundo inhabitado. Antes del lanzamiento fuimos a los hangares, el proyecto de neutrinos es dirigido por el Dr. Gorham de la Universidad de Hawai.

Peter Gorham: Lo que intentamos hacer con este instrumento es ser los primeros científicos que detectan la más alta energía de neutrinos en el universo, esperamos.

Werner Herzog: Sí, pero, ¿qué es un neutrino exactamente?

PG: el neutrino es... es la más ridícula partícula que puedas imaginar. Tu... sí... un billón de neutrinos pasaron por mi nariz mientras hablamos. Un trillón, ¡un trillón de ellos pasaron por mi nariz justo ahora! Y no me hicieron nada. Ellos pasan a través de toda la materia que nos rodea, continuamente, en una enorme, enorme ráfaga de partículas que no hacen nada. Es como si existieran en un universo separado. Sabemos, como físicos, que podemos medirlos, podemos hacer predicciones precisas y mediciones de que ellos existen, pero no podemos poner nuestras manos sobre ellos. Porque ellos parece ser que existen en otro lugar. Y sin embargo, sin los neutrinos el origen del universo no hubiera funcionado, no tendríamos la materia que tenemos ahora, porque no hubieras podido crear los elementos sin los neutrinos. En los muy, muy primeros segundos del ‘Big Bang’ los neutrinos eran la partícula dominante, y determinaron muchas de las conectividades para la producción de los elementos como los conocemos ahora. Así que el universo no puede existir en esta forma sin los neutrinos, pero ellos parecen estar en su propio universo separado. Nosotros de hecho estamos tratando de hacer contacto con ese otro mundo o universo de neutrinos. Y como físico, aunque lo entiendo matemáticamente y lo entiendo intelectualmente, me sigue golpeando en las tripas que sean algo aquí rodeándome casi como si fueran una especie de espíritu o dios que no puedo tocar pero que puedo medir, puedo hacer una medición, es como medir el mundo espiritual o algo como eso, vas y tocas esas cosas.

WH: Sin mucha sorpresa nos encontramos con un encantamiento en lenguaje hawaiano junto a este detector. Fue como si los espíritus fueran invocados. ¿Qué veríamos si pudiésemos filmar un impacto de un neutrino?

PG: Lo que verías sería como un rayo de luz de aproximadamente 10 metros de largo y como así de ancho (Peter hace una seña con su mano, formando un círculo con sus dedos índice y pulgar como de 3cm de diámetro) y que pasaría a la velocidad de la luz por estos 10 metros de distancia y verías la luz azul más bella que tus ojos hayan visto. Esto pasaría, el impulso entero de ondas de radio, va hacia arriba y abajo, en probablemente una cienmillonésima de segundo. Eso va como un ¡bang! Y se fue, y es eso lo que estamos buscando.


[Para concluir el documental, otro habitante de la antártica dice lo siguiente]

Hay un dicho hermoso del filósofo americano Alan Watts, el solía decir que a través de nuestros ojos el universo se percibe a sí mismo, y que a través de nuestros oídos el universo escucha su armonía cósmica, y que somos los testigos a través de los cuales el universo se hace consciente de su gloria, de su magnificencia.


Tomado del documental "Encounters at the end of the world" de Werner Herzog.

18.5.09

Proyecto de vida No. 12,797

Only you can make you happy.
Au revoir Simone.

El desprecio constante hacia su prolongada situación de lamento se fue haciendo cada vez más patente ante Rodrigo. La sociedad en conjunto ya lo ha acordado, ¿por qué entonces Rodrigo se empeña en hacer las cosas a su modo, plantándose casi groseramente frente a las circunstancias y desafiando al sentido común que parece ser todos poseen como si fueran perfectas aves blancas sobre-volando la inmundicia? Rodrigo duda sobre la necesidad de rebotar los golpes que ahora le llegan hasta en su propia casa, y aunque ellas también pueden hacer uso del salvoconducto en cuestión, abusado una vez más en otra noche que dejarán pasar a su pasado como si nada; el agujero desde donde le han gritado a Rodrigo le parece más lamentable que el suyo propio y juzga calladamente que la ayuda no se recibe ni se da de esa forma. Un rompimiento más. 

Piensa en los esquemas, en las rutinas que a tantos salva de tener al tiempo sometido y no al contrario. –¡Esto debe de ser el verdadero control!– Piensa admirado. Tampoco es que Rodrigo sea un modelo a seguir en su intento por traspasar la membrana e irse a investigar en carne propia qué significado adquiere la vida en la puerta de esta garita olvidada. No, la solución no puede ser así, porque esos ensayos de prueba y error ya los ha probado antes sin resultados positivos en apariencia, pues ha conseguido para sí un arsenal de aprendizaje que lo dota de una cosmovisión más cercana de la ciencia ficción que a la relativa comodidad de una vida productiva. Y no es que a Rodrigo se le olvide ni que ignore que vive inmerso en la decadencia del capitalismo neoliberal. Sabe que sin dinero no podrá seguir viendo a los perros bailar, y temblorosamente aventura un pie en la puerta de la garita, está en la frontera de las cosas que importan, la soledad del otro lado le parece atractiva, el nudo del estómago se endurece, se ha cansado de ser tonto ante los demás, aprende del miedo; si cruza al otro lado le lloverán jitomatasos coléricos y con todo y todo Rodrigo se va a cruzar hacia esa parte nueva sin ninguna referencia palpable que le diga qué otras cosas le van a suceder allá. Va en busca del equilibrio, celebrará una íntima misa privada por la paz con sus ritos propios, capitulará con el mundo y su amplia gama de seres para regresar alineado, capaz de insertarse en algún nicho que el permita funcionar en un estado en donde la gente y él se sientan a gusto y volverán los días de pescado horneado y vino blanco en compañía de la gente que sepa sonreír a pesar de todos los pesares.

Un mundo de contradicciones lo envuelve, como a todos. Rodrigo se aparta, y sabe que hace mal en apartarse. Su capacidad se desperdicia día a día, y aunque los otros intentan desesperadamente jalarlo de nuevo al frenesí destructivo de una vida normal, Rodrigo no sale del hechizo en el cual se ha autoinducido por medio de la autocompasión. –¿Dónde han dejado al respeto por los procesos internos de las personas?– Se queja y su queja es válida, es real. Y de nuevo, lamentable.

Los valores morales han perdido validez sino es que desde su invención han sido una gran farsa, es por eso que Rodrigo sólo los utiliza para consigo mismo en un egocentrismo puro, aplicado, desbordante, constructivo, fuera de su tiempo. Y es que en realidad no hay razones para obedecer ni para revelarse, la existencia misma es ambigua. Tendrá que seguir desbastándose hasta llegar a la figura correspondiente con su idea de navegar los días en un viaje que es mejor no compartir abiertamente.


Tomado de la esperanza y de la única constante: el cambio.

16.5.09

Bandages for the hearth

Relationships is something I used to do.
Camera obscura.

Estreches por todas partes. En cada nueva comunicación colecciono afrentas frescas y perdones no otorgados. Recapacito de nuevo sobre lo que gira a mi alrededor y dejo de buscar respuestas afuera, allá no hay nada, sólo vacíos obscuros que se alejan formando constelaciones que me resultan feas, sin embargo tendremos que ser espacios vecinos. Hay que repasar el hecho de no ser perfectos, de cometer un sinfín de errores; mi acto de contrición hacia el centro de mi sangre, las conclusiones las mismas, el método de la verdad aplicado a pruebas refutables para atrapar la razón a mi lado y que el mundo gire, si se puede más rápido, mejor.

El camino invisible sigue extendiéndose hasta el fin de mis días y me siento bien en él. ¡Esto es por fin la madurez! Pues venga. Tal vez voy por un mal camino, pero conforme han pasado los meses y los años, el concepto del mal se me escapa y ya no hay caminos malos. Lo correcto o incorrecto se restringen a muy pocas cosas, con la idea de hacerlo todo más simple y apelando a la tranquilidad, la vida de por sí ya es muy complicada, ¿por qué complicarla más? Pero todavía más importante es entender qué es lo que la complica tanto, pues si hemos de usar a los conceptos es nuestra responsabilidad saber de qué estamos hablando. Cuando esas pocas cosas que se pueden etiquetar de correctas o incorrectas fallan, provocan con una facilidad incontenible a la tercera ley de Newton. El wikipedia dice que “la tercera ley expone que por cada fuerza que actúa sobre un cuerpo, éste realiza una fuerza de igual intensidad y dirección pero de sentido contrario sobre el cuerpo que la produjo. Dicho de otra forma, las fuerzas siempre se presentan en pares de igual magnitud, sentido opuesto y están situadas sobre la misma recta. Este principio presupone que la interacción entre dos partículas se propaga instantáneamente en el espacio (con velocidad finita).” Pronto todo se acomoda de nuevo, respiro el olor a tierra mojada y con pocas lágrimas se cierra el episodio. La ciencia me lo deja tan claro que sé que hoy dormiré de corrido ya que mañana Teléfonos de México me asistirá para hacer lo que no tendría que hacer.


Tomado de la física, las pérdidas y las ganancias.

28.4.09

...

Si has de ser un fantasma, no aparezcas de lado
no hieras las roturas
no entres
no quieras abarcarlo todo.

Déjame aquí, en el rincón de los silencios
en el parque de los idos, pero no pronuncies
no grites, no incendies, no grabes.

No te abalances con el diagnóstico de mi palabra lenta
mi palabra inservible que no pudo más con el sonido
de su propia cavidad. Un eco basta, en eco que termine
para quedarme serena, cobijada por los bosques sonámbulos.

Quédate si eso quieres, pero no habites la muralla.




Tomado de Karla Sandomingo, Guadalajara, México (1970); en la revista Metrópolis.

16.4.09

+ c. l.

Feel good lost.
Broken social scene.

Rememoró la tarde con Vicente; la felicidad era tan violenta que la estremecía del todo; aquellos instantes horribles la habían dejando fuera de sí, diferente, curiosa y conmovida en su interior; así pues se podía morir de felicidad, ella se había sentido tan abandonada; un minuto más de alegría y habría sido lanzada hacia fuera de su mundo por deseos audaces, llena de una esperanza insoportable. No, ella no deseaba la felicidad, ella era débil ante sí misma, débil, embriagada, cansada; descubrió rápidamente que la exaltación la fatigaba, que prefería estar escondida en sí misma sin temblar nunca, sin subir nunca, por primera vez se dio cuenta que ella parecía realmente inferior a algunos conocidos, eso le trajo a la boca una sensación de malestar y de busca, una cierta ansia sin dolor como si se hubiese separado imperceptiblemente de su propio contorno; en un vago suicidio suspiró lentamente, cambió la posición de las piernas, se recogió apagándose; su recorrido era como el de algo que se moviese en todas las direcciones; su pecho se comprimía informe, poco a poco la respiración de Vicente le daba un ritmo y ella se deslizó hacia un cansancio tranquilo. En el silencio del primer sueño se erguía un tono de indagación y con los ojos durmientes ella sentía dentro de sí un movimiento lechoso, vago, casi inquieto, como una respuesta absurda. Ella se dijo algo como ‘no’ y así replicaba a ‘algo’ que asintió y se quedó satisfecho de encogerse y ella no sólo sabía lo que era sino que admitía tranquilamente con algún anhelo que así fuese, tal era la única forma de experiencia que tenía, tal era su único vivir sin pecado. En la quietud del cuarto, la madera del suelo crujió. Las cosas empezaban a vivir solas. Ella durmió.

Abrió un momento los párpados pesados, la brisa más clara inició la madrugada, sonidos débiles y luminosos se esparcían lejos mientras el cuarto guardaba un silencio nocturno, tibio; cerró los párpados.

Entonces abrió los ojos con sobresalto, grandes nubes de claridad se acercaban, después de la noche de lluvia hacía un frío duro y excitado, el aire flotaba fresco, húmedo y lleno de ruidos... Todavía inconciente ella se asustaba, el día la asustaba, los ojos abiertos... Entonces cortó la idea con un gemido: ¡iniciar la despedida, la despedida!, ¡era hoy en la noche!, ¡el viaje! Miró hacia su lado: con una sorpresa casi ridícula y victoriosa, Vicente no estaba, las sábanas revueltas, la marca en la almohada... El camisón deslizándose del hombro, sentada en la cama, y aquella brisa alegre soplándole en el pelo; jadeaba. Vicente no estaba, se levantó rápidamente, atravesó el suelo seco y frío con los pies descalzos, el camisón ancho, deshechos los pliegues cuidadosamente inventados para agradar. Sobre la mesita sólo vio la nota de Vicente: Virginia: he tenido que salir pronto para entregar un trabajo, cariño, mañana hablaremos, hoy trabajo todo el día, no dejes de venir mañana, cariño, ¿has dormido bien? Tu Vicente, Vicente, Vicente. Se vistió de prisa con los ojos grandes y mudos, se detuvo para decir angustiada, profundamente sorprendida y con prisa: ¡arrh!, llena de dolor se peinó, salió por la puerta de atrás cerrándola y echando la llave por debajo. No esperó el ascensor, bajó las escaleras, de prisa, se vio en la calle. La luz del día le invadía los ojos, el olor matinal a mar, a gasolina, ella se encogía andando hacia delante, casi corriendo pero el cuerpo le molestaba, lleno de los días que ya había vivido –había mirado hacia el otro lado y Vicente se había ido mientras ella dormía–, casi corría con dificultad apretándose la boca con una de las manos. Tan, tan herida… el pecho dilatado, ardiente, vacío, el aire arañaba sus ojos y ella se apresuraba en la calle protegiéndose como si caminase contra el viento y la tempestad, la mirada dilatada; siguió pero se detuvo con la mano en el pecho, ¡el sombrero!, ¡el sombrero!, ¡ah, mi sombrero! La sensación del cuerpo como un caparazón, como un límite frágil y eléctrico que contenía sólo aire, aire desorbitado y tenso; herida, el cuerpo empujado hacia atrás, hacia una distancia pálida y sin medida; ¡así pues, volvería a la Granja! De repente aquella era la verdad, la única después de despertar y no encontrar a Vicente, engañada, ¡no encontrar a Vicente, haber dormido demasiado! ¡¿Y mi sombrero?!... Lo había perdido para siempre. Con el cuerpo otra vez pesado, casi llorando, tomó un taxi preguntándose si gastando así tendría suficiente dinero para el viaje, hundiéndose en la blandura del coche, hablando jadeante y oscura al taxista que sonreía amable con un rostro fino, recién afeitado, la piel liza y feliz, listo para empezar su día. Pisó el acelerador, un ruido cálido llenó el vehiculo, él apretó los labios con firmeza pensando qué bien se podría ganar la vida haciendo relinchar su coche en los preparativos de una carrera, ganando dinero, guardándolo bien en el bolsillo, abriendo la portezuela para que salga el pasajero, levantado otra vez la placa comprada en el Ayuntamiento: Libre. Sí. Libre. Libre. Libre. Cerró los labios frunciendo las cejas lleno de responsabilidad y de severidad mientras tocaba la bocina, miraba el semáforo y pensaba con cierta benevolencia, sintiendo el asiento del coche ya tibio y familiar, como la promesa de un día completo, de una buena parada para una buena comida, de muchas carreras, ¿por dónde? Simpática esta primera pasajera.


Tomado de ‘La lámpara’ de Clarice Lispector.