15.2.13

El manantial

Sabes que los hombres quieren ser eternos, pero mueren con cada día que pasa. Cuando se los encuentra, no son los mismos de la última vez. Cada hora matan algo de sí mismos. Cambian, niegan, se contradicen, y a eso le llaman crecimiento. Al final no queda nada, nada que no se haya trastocado o que no haya sido traicionado, como si no hubiera existido nunca una entidad, sino solo una sucesión de adjetivos que se van desvaneciendo hasta convertirse en una masa informe. ¿Cómo pueden esperar una permanencia  que nunca han sostenido ni un solo instante?

-Ayn Rand

10.9.12

El canto de las sirenas


De nobis ipsis silemus.

El Tacet de 4’33’’ [de John Cage] puede entenderse de muy distintos modos. Evoca, desde luego, el De nobis ipsis silemus de Bacon de Verulamio, cita con la que se inaugura el texto filosófico fundacional de la modernidad, la Crítica de la razón pura de Kant. "De nobis ipsis silemus. De re autem, quae agitur…" (Callemos acerca de nosotros mismos, pues de lo que se trata es de la cosa). Del asunto, del objeto; no del sujeto.

En Kant hay una magnifica incoherencia, ya que esa cosa en sí, que solo como fenómeno puede determinarse en forma de objeto (como objeto trascendental), termina invocando y exigiendo la comparecencia de un sujeto en y desde el cual ese objeto se constituye.  Ese sujeto no es psicológico. No trasciende los límites de nuestro conocimiento del mundo. Tampoco es inmanente a este. Es transcendental. Luwidg Wittgenstein, de clara filiación kantiana, indicó que el sujeto metafísico es imposible. Y que de ser algo el sujeto sería “un límite del mundo”.

El sujeto psicológico, emotivo, afectivo, patético, debe hacer ofrenda de sí, o debe auto-inmolarse, de manera que la cosa comparezca: De nobis ipsis silemus. De re autem, quae agitur…

Hay razones estéticas para ese sacrificio, pero hay también razones personales (emocionales, psicológicas). Se trata de neutralizar o sublimar el sufrimiento que se arrastra en tiempos de grandes turbulencias y mudanzas. Todo cambia: de ahí la apelación al Libro de los cambios, como texto oracular para consultas de importancia en la orientación de la vida; también en relación a las elecciones musicales del compositor y del intérprete.

En esa época de trastornos graves (separación matrimonial, nuevo rumbo de la orientación del deseo sexual) se van desgranando del modo más espontáneo piezas conmovedoras: Dream (Sueño) que treinta y cinco años después, de manera sorprendente, es evocada en una recreación, para piano o para órgano, del mismo espíritu que esa pieza titulada –de forma bien sintomática- Souvenir. El mejor Satie se encuentra en ambas piezas junto a un uso expresivo y solmene de los silencios. El mismo uso de los silencios que destaca en Music for Marcel Duchamp (1947), para un film sobre este artista.

Es sintomático que la crítica o bibliografía sobre John Cage repare apenas en el hecho, tremendamente revelador, de que 35 años después de la composición de Dreams, se le evoque y recreé en una pieza con título francés, Souvenir, a modo de homenaje tardío –una vez más a Erik Satie-. Obra perdida en el catálogo y en el corpus, que parece hallarse en estricta continuidad con la pieza compuesta en su juventud, o con otras de este periodo, como la evocadora miniatura titulada In a landscape (1948).

De nobis ipsis silemus: callemos respecto a la herida sangrante de un deseo que arde y desgarra. Dejemos en paz nuestro sujeto psicológico. Impongamos silencio en nosotros mismos para que pueda manifestarse, en plenitud panteísta, la sumergida Atlántida de un sonido emancipado, hermanado al ruido agreste y salvaje, y desprendido de impregnaciones icónicas, emocionales y expresivas. Un sonido que no esta ahí, en las afueras, para servir de instrumento a nuestra voluntad de autoexpresión, o de liberación de los demonios de un inconsciente colectivo poblado de arquetipos universales, según la doctrina de S. G. Jung.

De nobis ipsis silemus, pues se trata de que en virtud de esa ofrenda del ego, facilitada por el budismo zen, que sustituye a Cage (según propia confesión) al psicoanálisis, pueda comparecer la infinita variedad de las cosas, cada cual protectora de su propia virtualidad sonora. Todo cuanto nos rodea, todo lo que existe en este mundo, todas las cosas pueden ser fuertemente emisoras de sonido: paredes que pueden ser golpeadas, sillas que pueden arrastrase, mesas donde percutir, pianos cerrados que tientan nuestros nudillos, cristales, vasijas, cuencos, caracolas llenas de agua…

De nobis ipsis silemus: el tacet es, desde 4’33’’ el imperativo categórico que permite liberar ese universo sonoro. Es, de hecho, el rubicón. Antes de esa composición todavía insiste cierta hermosa versión cool de un enfriado simbolismo emotivo, emocional, expresivo, en el que hallan su esplendor esas obras tan sugerentes de los años 1947 a 1952. Luego sobreviene, con la ruptura epistemológico-musical, el gran cambio. Toda la música desde ese instante, se halla gobernada por ese imperativo baconiano y kantiano: De nobis ipsis silemus.

Algo tiene de inmolación y sacrificio esa prescripción, que también es prohibición. Si se hace ofrenda de sí, si se coloca en el ara del sacrificio al sujeto, el ego, el sí mismo, con todo su cortejo de emoción, afecto, apego, voluntad, propósito y designio, puede revelarse la cosa, aquello de lo que se debe tratar.

Esa cosa (asunto, materia, tema; eso que se lleva entre manos) es el sonido. El sonido de su radiante y dispersa variedad. Un sonido sin adherencias emotivas, sin falsos residuos de expresión icónica o simbólica. Ese tacet impone la prohibición de que el sujeto sienta, se emocione o se exprese a través del sonido. O que este sea instrumento o medio, siempre subsidiario y ancilar, en relación a la autoexpresión del mundo emocional del sujeto.

Pero así mismo ese tacet prescribe que se deje suelto y libre el mundo de la sonoridad, de manera que pueda singularizarse posibles eventos sonoros. O que estos, en su individualidad radical, se destaquen, ribeteados por silencios, de ese piélago infinito que compone el mundo del sonido. Como confiesa Cage, "amo todo los sonidos". En razón de ese amor prometió a Schönberg que consagraría su vida, toda su vida, a la música.


-Eugenio Trías.

25.4.12

Protocolo 38

No hay un fin que ponerle a la vida porque los fines son cosas muy futuras y allá solo puede existir una profunda ilusión o desilusión de algo, pero nada real. El único fin que me parece lógico es el vivir en el presente, el presente es una efímera entelequia perfecta. Al pasado solo hay que mantenerlo ordenado para que nos permita estar alertas en el presente y para saber dar pasos con algún sentido.

Tal vez mi vida sea un parámetro un poco alejado de los parámetros, aunque si observo a los otros entiendo que sus vidas también están hechas en la medida de cada uno de ellos. Lo que se debe de buscar es estar cómodo en este viaje, es desprenderse de tantas cosas y aprenderse de otras tantas; el secreto es conocerse a sí mismo cada vez más y estar abiertos para lo que queda después de tantos y tantos filtros.

8.2.12

Principios de la teoría de la procrastinación

En cuanto parece que quiero hacer alguna cosa se formula sin reparo en mi cabeza el plan del desarrollo de dicha actividad. Muevo un dedo para accionar el plan pero mi dedo se dirige hacia otra parte, jala a mi cuerpo entero hacia otra actividad y entonces mi cabeza monta al instante un nuevo plan de desarrollo para la nueva actividad. La inercia de los movimientos corporales compite contra la inercia de los movimientos cerebrales, manteniéndome fijo en la inactividad hasta que el recuerdo de alguna cosa pendiente surge de la nada. De inmediato mi cabeza monta un plan de desarrollo igual de elaborado que los otros, manda la señal de acción a los músculos y aunque mi cuerpo se mueve es solo para hacer otra cosa o irse a otro lado. Regresa la ficción de las vidas no documentadas y me quedo fijo en la inactividad hasta que parece que quiero hacer alguna cosa o el recuerdo de alguna cosa pendiente surja de la nada para continuar así hasta que alguien o algo desamarre el amarre y el plan de desarrollo sea ejecutado hasta sus últimas consecuencias, es decir, hasta la perfección.

28.10.11

Voluntad

El que la esencia del individuo sea su voluntad, es lo que presta a Schopenhauer su convicción de que la cualidad moral del individuo es siempre la misma: una cualidad innata; una esencia inmutable a la que, siendo su ser, no puede escapar el individuo. Nuestro hacer está determinado en este modo de ser y con él, y no es más que el medio a través del cual llegamos a conocernos paulatinamente nosotros mismos. Las distintas acciones no se deciden cada vez de nuevo y según ellas mismas; no es, como pretenden las construcciones kantianas, que la voluntad entre en cada caso con una decisión exclusiva para aquel momento y nacida en él, sino que, porque somos como somos, es por lo que la decisión tiene que ser así necesariamente. Con esto queda negada la exigencia del deber y su incondicionalidad. Pues sáquese ésta de la profundidad que se quiera de la razón y de la conciencia del que obra, siempre resultará que es una cosa exterior a la voluntad que ha de tomar la resolución definitiva, apareciendo frente a ella siempre con un: Quieras o no quieras, ha de ser así. Y esto carece de sentido cuando la cualidad de la voluntad a la que se refiere el deber está de antemano fijada de un modo inmutable. La frase fichteana: “El que diga no puedo es que no quiere”, expresa la flexibilidad inagotable del alma, capaz de satisfacer todas las exigencias morales, sean las que sean, y por esta razón es el correlativo del imperativo categórico del deber que, salido del mundo de los valores, rige en la realidad, obedézcalo ésta o no, porque es su propia última instancia y saca de sí misma su legitimación, y no de la realidad. Con esto se suprimen todos los obstáculos que, nacidos del ser individual originario del alma, pudieran oponerse al cumplimiento de la ley; pero al mismo tiempo se crea una dificultad que para los conceptos resulta muy difícil de superar. Pues aquel deber autónomo antepuesto a nuestra voluntad ha tenido que ser ya querido de alguna manera por nosotros, porque si no, flotaría en el aire sin ningún punto de apoyo en nuestro interior; para que pueda ser una norma de nuestra voluntad es preciso que nosotros lo queramos. Cuando Kant asigna a nuestra “razón pura” el papel de presentar a nuestra “voluntad” este imperativo nacido del mundo ideal, no resuelve en realidad el problema, limitándose a darle una formulación. Confieso que no conozco ninguna explicación plástica bastante clara de este proceso espiritual en el cual sentimos que todas nuestras facultades volitivas se rebelan contra un de deber que, sin embargo, tiene que ser al mismo tiempo de alguna manera un querer, puesto que al cabo, y sin que aquellas resistencias disminuyan, terminamos por seguirlo. Quizá nos hallamos ante uno de esos procesos fundamentales que no podemos comprender en su unidad, sino sólo podemos describirlo por un círculo entre dos elementos. El querer es dirigido por el deber, pero el deber tiene que ser a su vez un querer. O quizá en estas representaciones del deber y en su significación, que unas veces es insignificante para nuestras acciones y otra veces lo arrolla todo, esté latente una forma de energía espiritual, cuya naturaleza especial no coincide con la de la llamada voluntad.

"Schopenhauer y Nietzche" de Georg Simmel.

15.9.11

Las 10 estrategias de manipulación de Noam Chomsky

El lingüista Noam Chomsky elaboró la lista de las “10 Estrategias de Manipulación” a través de los medios.

Resumen:

1. La estrategia de la distracción. El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. ”Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales”.

2. Crear problemas y después ofrecer soluciones. Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3. La estrategia de la gradualidad. Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4. La estrategia de diferir. Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad. La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad”.

6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos.

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposible de alcanzar para las clases inferiores”.

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad. Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto.

9. Reforzar la auto-culpabilidad. Hacer creer al individuo que él es solamente el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se auto desvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. ¡Y, sin acción, no hay revolución!

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen. En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídos y utilizados por las élites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

28.7.11

Himno

No renuncio a mis tesoros ni los comparto. La fortuna de mi espíritu no será fundida en monedas de bronce ni arrojada a los vientos como limosna a los pobres de espíritu. Yo guardo mis tesoros: mi pensamiento, mi voluntad, mi libertad. Y el más grande de ellos es mi libertad.

No les debo nada a mis heramos, ni ellos tienen deudas conmigo. No le pido a nadie que viva para mí, ni yo vivo para nadie. No codicio el alma de nadie, ni mi alma debe de ser codiciada por nadie.

No soy enemigo ni amigo de mis hermanos, pero cada uno de ellos deberá merecerme. Y para ganar mi amor, mis hermanos deberán haber hecho algo más que simplemente haber nacido. No daré mi amor sin motivo a cualquier oportunista que lo reclame. Honro a los hombres con mi amor. Pero el honor es algo que debe de ser ganado.

[Ayn Rand]

24.7.11

Número de serie

[LJNDR-057-D2311-JN-PMM-PCH2]

El estadío entre algo más que solo sexo y algo menos que el amor, los reprimidos en los límites del sexo y/o del amor y los expulsados a la región de las mañas y otras curiosidades. No queda más que seguir bailando, suavecito.

Estoy bien, después de todo estoy bien. Y bailo suavecito. La alegría de vivir que la señorita A. tanto pregona; bailar en la terraza la música que te gusta, todo limpio de nuevo, la casa sola, las plantas y las hierbas contentas. La pasión de respirar y sudar. El internet inalámbrico y el Fisher hecho para durar.

Las mañanas siguen de buenas y no es de a gratis. Tú dándo la vuleta por la puerta hacia afuera de la habitación y veo tu cuerpo desnudo en movimiento encendido por una luz rosa-dorada. Es el amanecer, el momento perfecto para las fotografías de la memoria.

22.7.11

Soundcheck

Tanto tiempo saltando demonios, Rodrigo hasta vuela, pero siempre obediente a Nietzche.

El destino se crea a sí mismo constantemente en forma de aprendizaje forzoso, como un bonito pez dorado dando vueltas en su turbia pecera hasta que le cambian el agua. Las avalanchas de los finales en el límite de las circunstancias y nuevas glaciaciones en el horizonte. ¿Dónde queda el peso de la parte que cada quien juega en los rebotes que a veces no pasan la red? La configuración emergente del yo diluyéndose en todas esas pruebas de control, ritmo, solvencia y acrobacia del pensamiento diagonal y el sentimiento intempestivo. Sí, los años cuentan al tiempo y el segundero de algo sirve, alguna solución aunque sea tibia se debería de poder proveer.

Pero y las grietas, ¿cómo se cierran?, ¿o solo se rellenan de soledad?

Llegar a los 30 habiendo vivido el doble de tiempo, o solo casi una tercera parte del mismo. O simplemente cumplir números múltiplos del cinco de darle vueltas al sol. Rodrigo se marea. Un último clavado en la zona de confort antes de partir a cazar Pie Grandes en el valle frente a los volcanes que se supone deben seguir siendo de los aztecas o por lo menos de los nuevos aztecas globalizados. ¿Por qué no escribir una novela con el desarrollo ficticio de ésta historia real? Sería algo metasagrado, pero no gracias, a Rodrigo no le ajusta el ingenio.


Rodrigo y sus demonios van a poner a prueba al engranaje social, al sistema macroeconómico y al fundamento de la fe; van a cocinar una barbacoa en pozo en la cumbre del Olimpo. Y no estamos invitados.

25.6.11

La punta del iceberg

Decreto interino del proyecto de vida número 13,566:

El que tiene que hacer las cosas de una nueva forma soy yo, o tal vez todos. Es momento de decretar al desapego como fundamento escencial de la libre convivencia entre el ego y el uno mismo; mental y corporalmente. Llamar a la Comisión Central para pedir más instrucciones.

28.4.11

URSSS

A pesar de todo, la Revolución es una marejada que todo lo barre a su paso. A pesar de todo, la Comintern confía en mí. La Revolución no necesita individuos sino "miembros" que le permitan triunfar.

Toda sonrisas, Iulia Sokolova, en un vestido de percal blanco, me abordó en los vestidores del deportivo de Samarski. Llevaba un sobre que dejó en mi locker; contenía mis instrucciones y una rosa roja que puse en el ojal de mi nuevo traje cuando fui a bailar a un sótano de Rabat, a dos cuadras de la Escuela Lenin, con Sasha, el Komsomol rubio como los trigales de Ucrania en agosto, que me regaló la Comisión de Control de la Comintern.

Ya no eres Stefan Leonard Dąbrowski de Poznań; ya no eres el estudiante del colegio jesuita de Santa María Magdalena; ya no eres el campeón de la Espartaquiada de 1925; ya no eres hijo de Dariusz Dąbrowski; ni eres hijo de Justyna Dariuszowa Oźarzewska, Madame Jus. Ya no tienes nombre ni madre. Eres un página en blanco sobre la cual la Revolución Proletaria Mundial escribirá su misión. A partir de ahora, no eres nadie. Desde esta hora y hasta la hora de tu destitución, eres un obrero entre mil obreros, un luchador entre mil luchadores, un guerrillero más en la avanzada de la Revolución Mundial.

Firma aquí, de conformidad, la obliteración de tus señas de identidad. Stefan Leonard Dąbrowski.

Tomado de: '-Traidor, ¿y tú?' de Olivier Debroise.