27.4.17

Extracto número cuatro ::: 'Teoría del cuerpo enamorado'

Lucrecio vislumbra la soledad existencial en todas partes, incluso hasta allí donde la verdad molesta: entre las sábanas de una cama, en la alcoba amorosa, cuando dos cuerpos se prestan, se ofrecen, se intercambian y se abandonan al espectáculo de su tentativa de evitarse tal como son: constreñidos en sí mismos, prisioneros de su propio deseo, incapaces de comunicarse. No hay comunicación sustancial, ni almas que se mezclan, ni cuerpos que se identifican: el filósofo es formal en la sexualidad, exacerba la naturaleza separada de las mónadas y su definitiva incapacidad de penetrarse, fundirse, unirse y fusionarse. Cada cuerpo reproduce la figura del átomo: insecable, sin puertas ni ventanas, como la mónada leibniziana, nada de su identidad sale de él, nada entra en él, subsiste como esfera por sí mismo y no gracias a otro.

De ahí lo infructuoso de las aspiraciones a la imposible confusión de los besos, las penetraciones, los pellizcos o arañazos, los mordiscos, los achuchones, los sudores, las salivas y las sustancias mezcladas, las succiones, los deseos de incorporación bucal. Todo es inútil: cada cuerpo mantiene desesperadamente su forma, su complexión, esencialmente inalteradas. En el deseo excitado y el placer exacerbado, cada cual experimenta el éxtasis autista y la voluptuosidad solipsista, radicalmente ajeno a las emociones del otro, que le conciernen sólo por las satisfacciones egoístas y narcisistas que le procuran. El goce del otro interesa en la medida en que demuestra una capacidad narcisista de desencadenarlo y producirlo. De ahí la satisfacción inducida de sentirse poderoso en la posesión y la apropiación, en la reducción y la sujeción. Se goza del placer del otro porque lo desencadenamos -se sufre de no poder provocarlo, pero no se goza el placer del otro.

La resolución del deseo en placer coincide exactamente con el momento en el que la soledad triunfa absolutamente. Nacer, vivir, gozar, sufrir, envejecer y morir revelan la incapacidad de cargar con más historia que la nuestra propia, y la imposibilidad visceral, material y fisiológica de sentir directamente la emoción del otro. Con él, junto a él, a su lado, lo más cerca posible, tanto la compasión como la simpatía siguen siendo desde luego posibles, pero no en lugar del otro, con su conciencia, en su propia carpe. Gozar del goce del otro no será nunca gozar el goce del otro. Lo mismo sucede con respecto a sus sufrimientos y otras experiencias existenciales. Deseamos la fusión, pero nos damos cuenta del abismo.

Junto al deseo trágico y universal, la física prolongada en ética, el placer revelador del solipsismo, Lucrecio prosigue su investigación materialista enunciando la victoria absoluta de la entropía. El tiempo pasa y destruye todo lo que toca, tanto el deseo como el placer, el amor y la pasión. Operada la cristalización, la práctica adúltera empieza a obrar ya en lo real, transfigurándolo. Irreconocible, desfigurado por las distorsiones de la conciencia y de la voluntad falseada por la libido, lo real sufre los asaltos y las injurias de la usura. La obra del deseo, que parece escapar al tiempo, se encuentra atrapada en él y severamente estropeada, debilitada.


Así pues, la realidad recupera sus derechos y triunfa por completo: el mundo no es como el deseo decía que es. El otro no tiene nada de lo que la libido hacía creer, la existencia no brilla tanto como la ilusión dejaba imaginar. El fin de las historias amorosas autoriza la iluminación retrospectiva: todas las fantasmagorías sustentadas en el principio de la servidumbre voluntaria se desvanecen, los velos caen, las mentiras aparecen en todo su esplendor. Estafado, quien sucumbe al deseo asiste a su propia decadencia, sin otra salida. Arruinado en todos los sentidos del término, agotado, fatigado, destrozado, rendido, reventado, convertido en la sombra de sí mismo, cadavérico, casi desintegrado, el sujeto que regresa del amor parece un condenado escapado del círculo más profundo de los infiernos.

[Extracto del libro "Teoría del cuerpo enamorado. Por una erótica solar" de Michel Onfray.]

16.11.16

Extracto número tres ::: 'Teoría del cuerpo enamorado'

El deseo, y luego el placer, revelan y ponen al descubierto el encierro de cada cual en su piel, en sus límites corporales apremiantes. La intersubjetividad sexual supone menos la fusión que la yuxtaposición, menos la confusión que la separación. La eyaculación, masculina y femenina, prueba la imposible religión amorosa y la evidencia del ateísmo en la materia.

Tras el deseo material y atómico viene el placer solitario y solipsista: la doctrina de los materialistas continúa desgarrando los velos de la ilusión y poniendo en cuestión las ficciones novelescas escritas sobre este asunto a lo largo de los tiempos. En adelante, cuando se lea pasión, amor, sentimiento y corazón, hay que entender deseo, placer, libido y sexo; allí donde Afrodita vuela en el cielo de las Ideas, veremos a Venus armada con un falo terrestre; en cuanto los idealistas hablen de falta, fusión y plenitud, los materialistas replicarán con exceso, descarga y soledad. Una vez superada, la poesía deja lugar a la fisiología; y la teología se aparta, reemplazada por la filosofía. Ayer los mitos y las historias edificantes, hoy la razón y las lecturas petrificantes. La lucidez exige un tributo sin concesiones.

¿A qué se parece un ateo en materia de amor? ¿Qué actos puede cometer un individuo liberado en estas cuestiones? Los cínicos no responden con consideraciones teóricas —no es su género ni su costumbre—, sino mediante hechos y gestos, escenas y anécdotas.

[Extracto del libro "Teoría del cuerpo enamorado. Por una erótica solar" de Michel Onfray.]

29.10.16

Extracto número dos ::: 'Teoría del cuerpo enamorado'

Sea como sea, la concepción del amor en Occidente procede del platonismo y de sus metamorfosis en los dos mil años de nuestra civilización judeocristiana. La naturaleza actual de las relaciones entre los sexos presupone históricamente el triunfo de una concepción y el fracaso de otra: éxito integral del platonismo, cristianizado y sostenido por la omnipotencia de la Iglesia católica durante casi veinte siglos, y retroceso importante de la tradición materialista —tanto democrítea y epicúrea como cínica y cirenaica, tanto hedonista como eudemonista—. 

Los Padres de la Iglesia, obviamente, aprovecharon la teoría del doble amor para celebrar su versión positiva —el amor de Dios y de las cosas divinas— y desacreditar la opción humana, sexual y sexuada. Este trabajo de reescritura de la filosofía griega para hacerla entrar en el marco cristiano atareó a los pensadores durante catorce siglos, en cuyo curso pusieron desvergonzadamente la filosofía al servicio de la teología. De manera que teologizaron la cuestión del amor para desviarla a los terrenos espiritualistas y religiosos, condenando a Eros en provecho de Agape, fustigando a los cuerpos, maltratándolos, aborreciéndolos, castigándolos, haciéndoles daño y martirizándolos con cilicio, infligiéndoles la disciplina, la mortificación y la penitencia. Y se inventa la castidad, la virginidad y, en su defecto, el matrimonio, esa siniestra máquina de fabricar ángeles. 

El platonismo muestra teóricamente el cruel olvido del cuerpo, el desprecio de la carne, la celebración de la Afrodita celeste, la aversión por la Afrodita vulgar, la grandeza del alma y la pequeñez de las envolturas carnales; luego se abren prácticamente en nuestra civilización occidental, inspiradas por estos preceptos idealistas, extrañas y venenosas flores del mal: el matrimonio burgués, el adulterio que lo acompaña siempre como contrapunto, la neurosis familiar y familiarista, la mentira y la hipocresía, el disfraz y el engaño, el prejuicio monógamo, la libido melancólica, la feudalización del sexo, la misoginia generalizada, la prostitución extendida en las aceras y en los hogares sujetos al impuesto sobre las grandes fortunas. 

Y también la figura del inhibido violento. La cerebralización del amor y su devenir platónico vuelven paradójicamente más vulgares las prácticas sexuadas. La dureza del ascetismo platónico cristianizado engendra y genera numerosos sufrimientos, dolores, penas y frustraciones. Terapeutas, médicos y sexólogos lo atestiguarían: la miseria de las carnes gobierna el mundo. El cuerpo glorioso alzado al pináculo conduce indefectiblemente al cuerpo real a los tugurios, a los burdeles o al diván de los psicoanalistas. En lugar del logro exitoso de las disposiciones hedonistas, lúdicas, gozosas y voluptuosas, los dos milenios cristianos no han producido más que odio a la vida y la incrustación de la existencia en la renuncia, la compostura, la moderación, la prudencia, la reserva y la sospecha generalizada con respecto al otro. 

La muerte triunfa como el modelo de las fijaciones e inmovilidades reivindicadas: la pareja, la fidelidad, la monogamia, la paternidad, la maternidad, la heterosexualidad y todas las figuras sociales que absorben y aprisionan la energía sexual para enjaularla, domesticarla y constreñirla al estilo de los bonsáis, en convulsiones y estrecheces, en torsiones y obstáculos, en tensiones e impedimentos. La religión y la filosofía dominantes se han asociado siempre, hoy también, para lanzar una maldición contra la vida. Una teoría del libertinaje supone, pues, reivindicar el ateísmo en el terreno amoroso clásico y tradicional, a la par que un materialismo combativo. Allí donde los vendedores de cilicios triunfan con sus platijas, sus esferas y sus ostras, el libertino se divierte con las travesuras del pez masturbador, el gruñido de los cerdos de Epicuro y las libertades del erizo soltero.

[Extracto del libro "Teoría del cuerpo enamorado. Por una erótica solar" de Michel Onfray.]

16.10.16

Extracto número uno ::: 'Teoría del cuerpo enamorado'

El primer paso negativo de mi andadura supone la deconstrucción del ideal ascético: para llevarla a cabo, trataremos de acabar con los principios de la lógica renunciante que tradicionalmente relacionan el deseo y la falta para después definir la felicidad como lo completo o como autorrealización en, por y para el prójimo; evitaremos sacrificar la idea que la pareja fusionada propone la fórmula ideal de esta hipotética cima ontológica; cesaremos de oponer encarecidamente el cuerpo y el alma, pues este dualismo, que ha resultado un arma de guerra temible en manos de los amantes de la autoflagelación, organiza y legitima esa moral moralizadora articulada sobre una positividad espiritual y una negatividad carnal; renunciaremos a asociar hasta la confusión el amor, la procreación, la sexualidad, la monogamia, la fidelidad y la cohabitación; recusaremos la opción judeocristiana que amalgama lo femenino, el pecado, la falta, la culpabilidad y la expiación; se estigmatizará la connivencia entre el monoteísmo, la misoginia y el orden falocrático; fustigaremos las técnicas del autodesprecio puestas en circulación por las ideologías pitagóricas, platónicas y cristianas —continencia, virginidad, renuncia y matrimonio—, sobre cuyo espíritu se ha erigido nuestra civilización; subvertiremos la familia, esa célula básica primitiva de la política estructuralmente apoyada en ella. Varios siglos de judeocristianismo pueden comprenderse así y luego ser anulados.

Mi segundo paso, afirmativo, propone una alternativa al orden dominante gracias a la formulación de un materialismo hedonista: elaboraremos una teoría atomista del deseo como lógica de los flujos que llaman a la expansión y necesitan para ello una hidráulica catártica; secularizaremos la carne, desacralizaremos el cuerpo y definiremos el alma como una de las mil modalidades de la materia; propondremos un epicureísmo abierto, lúdico, gozoso, dinámico y poético a partir de los posibles esbozados y ofrecidos por el epicureísmo cerrado, ascético, austero, estático y autobiográfico del fundador; precisaremos las modalidades de un libertinaje solar y de un eros ligero; se invitará a una metafísica del instante presente y del puro goce de existir; tenderemos a un nomadismo de solteros promoviendo una opción de cíclopes; reactivaremos la teoría del contrato pragmático, utilitarista, deseable y dominado por la voluntad de disfrutar mutuamente; propondremos una opción radicalmente igualitarista entre los sexos y la formulación de un feminismo libertario; reivindicaremos una auténtica aspiración a la esterilidad y una práctica de las leyes de la hospitalidad redoblada por una permanente invención de sí; desembocaremos así en una verdadera estética pagana de la existencia. Algunos siglos de judeocristianismo pueden encararse de esta forma y ser rebasados.


[Extracto del libro "Teoría del cuerpo enamorado. Por una erótica solar" de Michel Onfray.]

15.10.16

Eccoooo . . .

Si el bisonte pintado sobre el muro de una caverna prehistórica se identificaba con el bisonte real, garantizando al pintor la posesión del animal a través de la posesión de la imagen y envolviendo la imagen con un aura sagrada, no sucede de otro modo en nuestros días con los modernos automóviles, construidos en lo posible según modelos formales que hacen hincapié en una sensibilidad arquetípica, y que constituyen un signo de un status económico, que se identifica con ellos. La sociología moderna, desde Veblen hasta el análisis popular y divulgado de Vance Packard, nos han convencido del hecho de que en una sociedad industrial, los llamados 'símbolos del status' llegan, en definitiva, a identificarse con el status mismo. Adquirir un status quiere decir poseer determinado tipo de coche, un determinado tipo de televisor, un determinado tipo de casa con un determinado tipo de piscina; pero al mismo tiempo, cada uno de los elementos poseídos, coche, frigorífico, casa, televisor, se convierte en símbolo tangible de la situación total. El objeto es la situación social y, al mismo tiempo, signo de la misma: en consecuencia, no constituye únicamente la finalidad concreta perseguible, sino el símbolo ritual, la imagen mítica en que se condensan aspiraciones y deseos. Es la proyección de aquello que deseamos ser. En otras palabras, en el objeto, inicialmente considerado como manifestación de la propia personalidad, se anula la personalidad.

[...]


Para el decadente, el recurso a lo típico se iguala a un recurso a lo tópico; un recurso a la experiencia artística sin relacionarla a la vida en la cual se originó y a la que remite. Por ello es propio de los periodos alejandrinos y decadentes, como se ha dicho, razonar sobre los libros y no sobre la vida, escribir sobre los libros y no sobre las cosas, experimentar la vida de segunda mano sustituyendo su imagen con los productos de la imaginación, e imaginar frecuentemente con imágenes ajenas, de modo que no es la energía formativa, sino la superposición del topos, lo que forma la experiencia.


Extracto de 'Apocalíticos e integrados' de Umberto Eco.

7.9.16

Consumo y temporalidad.

Además, hasta en la definición aristotélica que lo presenta como ‘el número de movimientos según el antes y el después’, el tiempo implica una idea de sucesión y el análisis kantiano ha establecido, de modo irrevocable, que esta idea debe ser asociada a una idea de causalidad. ‘Es ley necesaria de nuestra sensibilidad y por tanto condición de toda percepción, que el tiempo precedente determine necesariamente al subsiguiente.’ Esta idea ha sido mantenida por la misma física relativista, no al estudiar las condiciones trascendentales de las percepciones, sino al definir en términos de objetivismo cosmológico la naturaleza del tiempo; y el tiempo aparece como el orden de las cadenas causales. Refiriéndose a esas condiciones einstenianas, Reichenbach definía recientemente el orden del tiempo como el orden de las causas, el orden de las cadenas causales abiertas que vemos verificarse en nuestro universo, y la dirección del tiempo en términos de entropía creciente (tomando también en términos de teoría de la información aquel concepto de la termodinámica que había ya en múltiples ocasiones interesado a los filósofos que se los había apropiado, al hablar de la irreversibilidad del tiempo).

El antes determina causalmente el después, y la serie de estas determinaciones no puede hacerse resurgir, por lo menos en nuestro universo (según el modelo epistemológico con el cual nos representamos el mundo en que vivimos), sino que es irreversible. Que otros modelos cosmológicos puedan suministrar otros soluciones a este problema, es evidente; pero en el ámbito de nuestra comprensión cotidiana de los acontecimientos (y por consiguiente en el ámbito de la estructuración de un personaje narrativo), esta concepción del tiempo será aquella que nos permite movernos y reconocer los acontecimientos y su dirección.

Aunque en otros términos, pero siempre dentro de lo antes y de lo después, y de la causalidad del antes sobre el después (acentuando diversamente el carácter determinante del antes sobre el después), existencialismo y fenomenología han planteado el problema del tiempo en el ámbito de las estructuras de la subjetividad, y han basado en el tiempo sus discusiones acerca de la acción, la posibilidad, el proyecto, la libertad. El tiempo como estructura de la posibilidad es, sin más ni menos, el problema de nuestro movimiento hacia un futuro, teniendo a nuestras espaldas un pasado; y tanto si este pasado es considerado en bloque, con respecto a nuestra posibilidad de proyectar (proyecto que se impone, en definitiva, el averiguar lo que ya hemos sido), como si entiende como fundamento de la posibilidad a venir, y por ello, como posibilidad de conservación o de mutación de aquello que se ha ido, dentro de determinados límites de libertad, pero siempre en términos de proceso y de operatividad procedente y positiva (y pensamos, al afirmar esto, por un lado, en Heidegger y en su Sien und Zeit (Ser y Tiempo), y por otro, en Abbagnano), en todos estos y otros casos, la condición y las coordenadas de nuestras decisiones han quedado identificadas en los tres estadios de la temporalidad y en una articulada relación entre ellos.

Si, como afirma Sartre, ‘el pasado es la totalidad siempre creciente del en-sí que nosotros somos’, si yo, cuando quiera extenderme hacia un futuro posible, debo ser este pasado y no puedo dejar de serlo, mis posibilidades de elegir o de no elegir un futuro dependerán de los gestos que he hecho y que me han constituido en el punto de partida de mis decisiones posibles. Y de repente, en cuanto ha sido decidida, me decisión, al constituirse en pasado, modifica todo aquello que yo soy y ofrece otra plataforma a los proyectos sucesivos. Si algún significado tiene el plantear en términos filosóficos el problema de la libertad y de la responsabilidad de nuestras decisiones, la base argumentativa, el punto de partida para una fenomenología de estos actos, es siempre la estructura de la temporalidad.

Para Husserl ‘el yo es libre en cuanto yo pasado. En efecto, el pasado me determina, y con ello determina mi futuro; pero, a su vez, el futuro “libera” al pasado… Mi temporalidad es mi libertad, y de mi libertad depende el hecho de que lo llegado-a-ser me determine, pero nunca de forma completa, porque éste, en una continua síntesis con el futuro, sólo de este último recibe su contenido’.  Ahora bien, si ‘el yo es libre en cuanto ya-determinado y al mismo tiempo como yo-que-debe-de-ser’, en esta libertad tan lastrada de condiciones, tan marcada por todo aquello que ha sido y que es en cierta medida irreversible, existe un ‘carácter doloroso’ (Schmerzhaftigkeit), que no es otra cosa que una ‘facticidad’ [1]. Así pues, cada vez que proyecto, advierto la tragedia de las condiciones en que me hallo, sin poder escapar de ellas: pero, no obstante, proyecto precisamente porque a dicha tragedia opongo la posibilidad de un algo positivo, que consiste en la mutación de aquello que es, y que yo acción en el proyectarme hacia el futuro. Proyecto, libertad y condiciones, se articulan entre sí, mientras yo advierto esta colección de estructuras de mi actuar según una dimensión de responsabilidad. Esto, observa Husserl, cuando dice que en este carácter ‘dirigido’ del yo hacia fines posibles, se establece como una ‘teología ideal’ y que el ‘futuro como suceder posible, con respecto a la futuridad originaria en la que siempre me hallo, es la prefiguración universal de la finalidad de la vida’.

En otras palabras, el estar situado en una dimensión temporal, hace que advierta la gravedad y la dificultad de mis decisiones, pero que advierta al mismo tiempo el hecho de que debo decidir, de que soy yo el que debe de hacerlo, y que este decidir mío va unido a una serie indefinida de debe-decidir, que implica a todos los hombres.

[1] Véanse las palabras de Sartre: “Yo soy mi futuro en la perspectiva continua de la posibilidad de no serlo. De ahí la angustia, descrita antes, que nace al decir que no soy lo bastante aquel futuro que debo de ser y que da sentido a mi presente; soy un ser cuyo sentido es siempre problemático”. L’erre et le néant (El Ser y la Nada).


[Extracto de "Apocalípticos e integrados" de Umberto Eco]

16.3.15

Miedo.

"Para que la ley pueda prevalecer cómodamente en su violencia secreta, para que el orden pueda imponer sus constreñimientos, tiene que haber, no en las fronteras exteriores, sino en el centro mismo del sistema, y con una especie de holgura para todos sus engranajes, esas zonas de 'peligro' que son toleradas en silencio y luego bruscamente magnificadas por la prensa, la literatura policiaca, el cine. Y para la postre importa poco que el criminal sea presentado en ellas como un héroe de la rebelión pura, o como un monstruo humano que acaba de salir de los bosques, con tal de que inspire miedo."

-Michel Foucault, prefacio a Bruce Jackson, Leurs prisions, Autobiographies de prisonniers américains.

[Extractos de "Una moral de lo minoritario" de Didier Eribon.]

1.3.15

Marcel Jouhandeau.

“Hay veces que tengo la impresión de que vivo a ritmo lento, de que estoy al margen de la vida, de que soy medio fantasma; de que quizá sea tan sólo una enfermedad lo que me hace vivir ahora… que me hace vivir hasta el punto de vivir de golpe más que los demás. Entonces mis propios gestos, mis propias palabras, amedrentan mi alma, que se retira y se oculta en el fondo de mí mismo que ya no la domestica nada.” 

Marcel Jouhandeau, De l’abjection.

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Desde 1931, en su Égole de l’imprudence, Jouhandeau había magnificado la belleza del mal y hablado de la dicha que proporciona éste a quien lo comete: “Aunque el mal alumbra en mí una alegría extraña, lo amo como un exotismo, un éxodo, un exilo, un exorcismo.”

Pero asumir un ‘vicio’ es recorrer el camino de la coronación que brinda el orgullo, una coronación diabólica, sí, pero que se abre al porvenir:
“Toda la belleza de la inmoralidad reside sólo en ‘la imprudencia’ absoluta, llevada a su límite extremo que la condiciona, a los límites del infierno, no sólo con riesgo de perderlo todo para siempre, sino con la certeza claramente aceptada de que así será, salvo una consecuencia infinita con uno mismo, que es la coronación diabólica del orgullo, de pura gloría de Lucifer, quizá siempre por nacer.”
Pero, sobre todo, en páginas muy gidianas, Jouhandeau evoca la productividad del vicio:
“Nada es más útil al hombre que sus vicios. Casi todo lo que es grande nace de un gran vicio.”
Es el vicio, que Jouhandeau considera un ‘deseo en estado puro’, un deseo no domesticado, no ‘reprimido’, por así decirlo, lo que da al hombre su gloria y al mundo su juventud perpetuamente recobrada. Y precisamente esa imprudencia, esa audacia, en virtud de las cuales algunos individuos no dudan en desafiar la reprobación, la estigmatización y la vergüenza, las que aportan la novedad al mundo:
“¿Por qué el hombre no trata alguna vez de ser vicioso, por su gloria y la gloria del mal?: ¡oh!, la divina imprudencia. Entonces el vicio se llamaría virtud […] Nuestra virtud es el ‘deseo’ de uniforme, convenido, conveniente, travestido, sometido, maquillado, descastado, adaptado, educado, domesticado, detenido en el orden durante siglos; el vicio, ‘el deseo en estado puro’, que doblega al provenir al introducir en el mundo una ‘diferencia’, un elemento de desorden, un rejuvenecimiento, un no sé qué de imprevisto, de nuevo, ‘la aventura’, ‘la aventura de lo singular’, que exige toda clase de respetos o de discreciones. Me inclino a creer que el vicio necesita, ante todo, que lo preserven de los hombres.”
Y de este modo, de la misma forma que, para Genet, las Carolinas barcelonesas, que llegan colectivamente hasta el fondo de la vergüenza, pueden convertirse en las anunciadoras de las ‘bellezas nuevas’, para Jouhandeau el secreto compartido entre los abyectos genera ‘mitología aún por venir’. Escribe, en efecto, que hay “una moral para la gente honesta y otra para uso de seres legendarios”.

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La metáfora de la locura obsesiona la reflexión de Jouhandeau. Por ejemplo: “¿Qué loco no lamenta que el mundo entero no disparate como él? ¿Qué pecador que su pecado no sea universal? […] En un mundo que compartiese su manía, el loco ya no sería loco, sino razonable, y la razón una manía”. O también: “El hombre que es siempre dueño de su destino y de sí mismo no se conoce a sí mismo ni al destino.  No sabe cuáles son sus límites y cuál su libertad. Sólo la locura es la medida del destino, es coherente con el drama del hombre y compatible con el secreto de dios. Por eso no hay que temer ser imposible, sino serlo bastante”. 

Marcel Jouhandeau, De l’abjection.


[Extractos de "Una moral de lo minoritario" de Didier Eribon.]

7.12.14

Mi música del 2014.

Ahí les va la lista de los 10 álbumes que más me gustaron en este año. Debo decir que desde que escuché Lost In The Dream supe nadie lo superaría en ser el número uno para mí en este año, y así fue. Otra vez se fue un año sin estar muy clavado con las novedades, pero esto fue lo que rescaté:

  1. Lost In The Dream - The War On Drugs
  2. Moodymann - Moodymann
  3. CLPPNG - Clipping
  4. The Soul Is Quick - Hands
  5. Churches Schools And Guns - Lucy
  6. Mess - Liars
  7. Sisyphus - Sisyphus
  8. Emmaar - Tinariwen
  9. Soul Time in Hawaii: Honolulu * London - Deux Spin & La Homage
10. Barragán - Blonde Redhead

Y 23 canciones de este año que valen la pena escuchar:


23.11.14

El mexicano ante los nuevos órdenes geopolíticos y de control masivo.

¿Quién es el narco-estado en México?,  ¿cuál es el problema con México?,  ¿cómo se hace una revolución, con memes? 

Narco-estado hablando del gobierno coludido con los cárteles, obviamente. Y narco-estado hablando también, si me hacen el gran favor, de cómo nos sentimos con las substancias que consumimos. Narco-estado psicosomático de los individuos, y de los países; para hablar del bosque y referirse a todo el conjunto de árboles que lo conforman. Y mientras se terminan de convencer en legalizar y civilizar al mercado de las drogas el reto sería dejar de consumirlas. O siendo más realistas, ¿aprender a fabricarlas para el consumo personal?, o más realistas ¿dejando de participar en marchas por un lado y/o dejando de consumir por el otro? Algo no encaja aquí. Intentar establecer una línea de base donde poder darle piso al problema para saber qué hacer, para darle congruencia al asunto, y sobre todo para saber que lo que se está haciendo tiene efectos visibles, es decir, que el cambio está ocurriendo, en nosotros primero, ya luego veremos en los demás y en el país. Eso sería un primer buen paso dado con asertividad.

Unos aburridos y necesitados de fiestas acompañadas, siempre, siempre, de substancias de toda índole. Incluso al día siguiente de haber salido a marchar. Los otros aburridos de tanta miseria y necesitados de aquelarres sangrientos que los distraigan un poco para olvidar su miseria. Diferentes tipos y grados de aburrimiento, sí. Otros sin necesitar de substancias ni de sangre, atrapados en medio.  Todos dormidos frente a la televisión que es tan bonita palabra y que es un increíble invento, increíblemente desperdiciado también.

A parte de señalar al narco-estado como El Problema, tengo esta duda: ¿qué tanto petróleo tiene México para ser blanco de una guerrilla orquestada por el imperio? ¿Nos toca nuestro turno de ser Colombia?

Pensemos en Italia y en su modelo ‘Berlusconi’, en ese circo de más de 120 días de Sodoma. Francia con su top-model. Mónica mamándosela a Bill. En dictadores africanos bañados en joyas y en pieles de felinos. En el Medio Oriente y sus propios problemas. En todos los ejemplos similares. Pensemos en el socialismo del 2014 en América Latina. En Irán, Afganistán y la heroína. En el índice de alcoholismo en los presidentes y primer ministros. En los alemanes eligiendo a Ángela una y otra vez. En Corea del Norte o del Sur o en las dos. En los nuevos países de África que tienen dos o tres años de vida, vida de país-bebé nacido con VIH en un lugar del mundo donde no llega el tratamiento, ni llegará tal vez. Pensemos en Estados Unidos, en sus gobiernos y sobre todo en su sociedad civil, ¿son ellos el verdadero problema, son ellos los que crean la mayor demanda de estupefacientes en el mundo? En el mundo organizándose de tantas formas y desorganizándose de tantas otras. En la Comunidad Europea auto-rescatándose. En los flujos migratorios mundiales y en sus efectos. En pretender establecer y cumplir derechos humanos a un cáncer que crece exponencialmente, con una capa pobre e ignorante cada vez mayor; como la cerveza, sí, en México como en todo el mundo. Entonces volteemos de nuevo a ver a México con su extraña amalgama de mexican Barbie & Ken presidente-primera-dama al frente de esta pista en el circo del mundo. Si la estrategia es desmoralizarnos y amedrentarnos, ellos van ganando. Porque sí, el mundo va mal, sí, todo está mal. Es como si el sol hubiera dejado de salir desde hace años, y como si la gente creyera que en realidad el sol no ha salido en años.

Después de todo esto pensemos que vivimos desconectados de eso que se nos impone como la realidad, pretendamos que no sabemos todo lo que está pasando, que hemos decidido desde hace años no ver televisión ni leer la prensa, ni la nacional ni la internacional, ni enterarnos de nada por ningún medio. Pensemos en los efectos que  esto causaría en cada uno de nosotros. Pensemos en esta opción de libertad, de tranquilidad. Y si nos asalta el susto de ser indolentes, brinquémoslo, solo por experimentar algo afuera de los parámetros comunes. Pensemos que estamos siendo manipulados y que hasta nuestro enojo o indignación o cansancio han sido puestos en una agenda, con fecha y hora, casi cronometrados. Porque  los cientos de miles de balas que han cortado más que el aire en este país y en el mundo, y las toneladas de metal que han sido proyectadas contra los humanaos a velocidades mortales para los humanos por décadas y décadas, aquí y allá; son una experiencia global que hemos vivido desde nuestros abuelos globales, padres globales, nosotros globales y nuestros hijos globales, a lo largo de nuestras vidas globales, en todo el tiempo englobado. ¿Dónde está la noticia en esto? Así se han levantado todos los imperios y de esta misma forma han sido evaporados, a largo de toda la historia. Con sangre, control, miedo y muerte. Todo el tiempo alguien está matando a alguien en alguna parte del mundo, entre amigos y enemigos, entre ejércitos, entre vecinos, entre parientes, entre amantes, entre socios y la lista continua extensamente. Las razones para matarnos, torturarnos y violentarnos sobran, algunos las tienen muy claras, algunos las obedecen sin chistar, algunos disfrutan haciéndolo. ¿Por qué seguimos tan atentos a estas noticias? ¿En qué nos ayuda el arte politizado y manchado de tanta obscuridad? ¿Dónde están las opciones de optimismo, luz, positividad y las propuestas que renuevan? No necesitamos remendar las cosas, necesitamos renovarlas. No necesitamos cambios allá afuera, necesitamos cambios adentro de cada uno de nosotros mismos en primera instancia.

Y a pesar de todo esto veo a gente sonriendo ante el monstruo que representa la vida. Gente que sale a protestar y que lo tiene claro, y que se replantea constantemente ante sí mismos, ¿qué estoy haciendo? Que no vive en el pozo de la desilusión. Gente que quiere hacer las cosas bien, que esta dispuesta a interrelacionarse con los demás en términos humanos, positivos y de crecimiento para todos. Necesitamos encontrar a este tipo de personas, necesitamos levantarnos y salir a su encuentro, formar grupos de amigos, organizaciones civiles, lo que quieran. Necesitamos unirnos.

Es momento de cortar todos los canales que alimentan nuestra programación hacia un pensamiento masivo. Es momento de desactivar nuestras reacciones lógicas en cadena. Es momento de pensar cada uno por sí mismo y en sí mismo, en su entorno, en su comunidad, en la fuerza de alcance de las acciones propias y empezar a experimentar pruebas-errores de acciones que nos lleven a un lugar mejor. A un lugar mejor, sin más descripción ni adjetivos. Y NO porque ahora sea realmente el momento más propicio para hacer esto, NO porque ahora estamos llegando al borde de las circunstancias. NO por la coyuntura histórica que nos toca vivir. Es porque todo el tiempo esta es la mejor forma de proceder. Formar redes sociales palpables, de manos que se saludan con un contacto físico y no solo virtual. De ayudarnos entre nosotros a crear un sentido de unidad y solidaridad entre personas, de entender que todos somos iguales, desde Peña Nieto hasta el que le arrancó la cara al muchacho, el granadero y la señora que vende chicles. Me preocupa que todo esto sea solo una llamarada más, un momento histórico más. Que no tengamos la infraestructura de pensamiento necesaria para que nuestras consciencias realmente cambien.

Creo que un movimiento revolucionario pacifista que nace del cansancio, de la indignación, del llanto, del enojo y desde la opresión de un estado fallido, es un movimiento con cimientos grises y tristes, bastante proclive a violentarse o esfumarse a la mínima provocación. Enfrentémoslo sin tapujos, midamos hasta dónde somos nosotros los que causamos y creamos ‘el problema’ y hasta dónde somos agentes de solución y también, hasta dónde nos importa, y si decimos que nos importa, ¿qué significa eso? Todos adentro y todo afuera del problema. Tengamos bien claro en qué consiste el problema, definámoslo y pongámosle pies y cabeza; para de entrada, saber de qué estamos hablando. Y disculpen el ridículo de solo proponerlo y no desarrollarlo, pero eso es tarea individual y no se vale copiar. Y si el problema son otros, y si las soluciones también les competen a otros, entonces no pasará nada. El problema soy yo cuando contacto al narco-menudeo porque me quiero divertir. El problema soy yo cuando me encuentro desinflado por dentro porque la vida es injusta y no tiene ningún sentido. Y todavía en una línea de pensamiento mas fina: ¿el problema soy yo comprando una Coca-Cola porque me da placer y el no poder aceptar este hecho?, ¿el problema soy yo cuando voy a ver el cine de Hollywood?, ¿yo comprado ropa cara en centros comerciales exclusivos?, ¿yo comiendo en los mejores restaurantes y viajando en primera clase?,  ¿yo discriminando, siendo clasista?, ¿yo creyendo que las noticias son noticas y que el arte es arte y que el amor es amor y en un sin fin de premisas similares?

Pienso en los japoneses protestando: trabajando horas extras sin cobrar. Y sí, también pienso en ellos suicidándose. Pienso en los mexicanos haciendo memes y videos graciosos, porque parecemos idiotas (¿o tal vez realmente lo somos?) y nos gusta reinos como idiotas de cualquier idiotez. Pienso en las comunidades rurales abandonadas de las manos de sus ancestros, de las manos de toda los dioses y deidades, de la mano del estado, la mano de su sentido de comunidad, de la mano de sus paisanos. Pienso en la filosofía alemana pasada y su interrelación con la economía alemana actual. Pienso en la naturaleza moribunda, contaminada. En la economía que nos amenaza. En el capitalismo a punto a reventar. En el mundo sobrepoblado y podrido. En mi futuro y en el futuro de los hijos de todos. Quiero llegar a soluciones, creo que las vislumbro. Ni una queja más. Ni un meme más. No más espacio para la negatividad ni para la idiotez. Ni para reproducir tanta basura innecesaria. Ni una hora más gastada frente a la televisión, ni aunque sea de paga, ni aunque sea para ver programas de deportes o de animales, con el pensamiento embotado. Ni un solo canal de comunicación abierto a los controles masivos. Ni un minuto más en la redes sociales riéndonos de lo que no deberíamos de reírnos. Todo esto para empezar, solo para empezar. Y entonces sí: veamos qué pasa.


La revolución está en las organizaciones civiles que ya están enfocadas en esto en México y en el mundo. Que entienden el problema, que entienden su parte en la generación del problema y que actúan en consecuencia. En la generación de espacios de convivencia donde el estatus social se borra, porque la igualdad sí es posible. En la generación del tipo de arte que nos hace pensar en estas cosas, y que más que repetir el mismo discurso enajenante, nos lleva a nuevos campos conceptuales donde podamos apoyarnos para mover nuestras estructuras de pensamiento hacia modelos más incluyentes, participativos y novedosos. La revolución soy yo levantándome de la cama todos los días, y mejorando cosas en mí. La revolución soy yo diciéndole a mis amigos que apaguen la televisión, pidiéndoles que no se diviertan con los memes de Ángelica Rivera, pidiéndoles que no le tilden de pendeja. La revolución somos todos los que vamos a hacer algo en el corto, mediano y largo plazo para desplazarnos, todos juntos, a un lugar mejor. La revolución es darle muerte a nuestro propio egoísmo. La revolución es una nueva clase de políticos y nuevas formas de gobernar. La revolución no son borrones y cuentas nuevas, es la renovación y adecuación de las instituciones. La revolución soy yo dejando de drogarme, soy yo divirtiéndome en el proceso de construir una mejor sociedad. La revolución soy yo satisfecho con mi día. Sí, la revolución somos todos, cuando entendamos lo que ese todos encierra, cuando ese todos sea un todos iguales.

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¿Datos duros? OK, hagan sus matemáticas:
43 estudiantes desaparecidos.
62 cuerpos encontrados en fosas, no son cuerpos de los estudiantes.
123,470 número estimado de secuestros en México en el 2013.
93.8% de los crímenes no son investigados.
10,700,000 familias, aproximadamente, tienen una víctima.

(Fuente BBC World Service)

11.11.14

Foucault.

[extractos]

Así, en lugar de calcar sus aspiraciones de los modos de vida heterosexuales, los gays deberían considerar que la manera en que inventen modos de existencia, de relaciones, podría, por el contrario, servir de punto de apoyo para una renovación del derecho y de las instituciones, la cual podrían aprovechar los heterosexuales para huir de los corsés de la normalidad conyugal y de las limitaciones que implica respecto al tipo de relaciones posibles.

...

El propio Foucault subraya que su gusto personal está enraizado en la sociabilidad monosexual: "Hasta donde tengo entendido, desear chicos era desear tener relaciones con ellos. Esto ha sido siempre para mí algo importante. No forzosamente en forma de pareja, sino como una cuestión de existencia: ¿les es posible a los hombres estar juntos? ¿Posible vivir juntos, compartir el tiempo, las comidas, la habitación, los ocios, el conocimiento, las confidencias? ¿Qué significa eso de estar entre hombres?"

Así, al final de este recorrido por los textos de Foucault, hemos vuelto al punto de partida, es decir, al campo de la experiencia personal como foco de inspiración teórica y política, lo cual explica indudablemente las vacilaciones, las evoluciones y también las limitaciones de su reflexión sobre la cuestión gay, pero asimismo su fuerza perturbadora: porque lo que está en juego es la existencia de los individuos moldeados por la historia de la homosexualidad completa, una historia de sojuzgamiento, pero también de la resistencia y de esa pulsión heterotrópica que condujo a los gays a inventar 'modos de vida' distintos, improbables, inéditos. O, en cualquier caso, a plantearse continuamente la cuestión de inventarlos.

- Reflexiones sobre la cuestión gay de Didier Eribon.